Poder femenino. Cientos de mujeres de la provincia celebraron ayer la festividad de las águedas en un ambiente alegre. De peluquería, con sus joyas y abrigo de piel o con el traje típico castellano, decenas de veteranas ocuparon ayer el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid, donde fueron recibidas por Javier León de la Riva, quien les animó a mantener la tradición y bromeó sobre situación de minoría en la sala. «Tendré que tener cuidado con lo que digo y hago hoy aquí», les dijo el regidor, quien se mostró partidario de «hacer un monumento al hombre que mande en su casa».
En tierra de Pinares, las celebraciones en Íscar se centraron en la procesión y posterior almuerzo con huevos y chorizo. Después de los actos religiosos, hubo además un pasaclles seguido de un refresco con baile antes del almuerzo de hermandad de las tres centenares de cofrades de la santa siciliana.
La asociación de Pedrajas de San Estaban, por su parte, comenzó los actos también con procesión y el nombramiento de los nuevos cargos, que recayeron en Asunción Villarreal, Carmina Barrios y Victoria Arranz. Después del saludo al alcalde, hubo comida de hermandad y sesión de baile, además de exhibición de flamenco.
Las mujeres de Mojados, el alcalde Pedro Villarreal, cedió el bastón a Paula Sainz y a las águedas Isabel Martín y Henar Gómez, quienes tomaron el mando testimonial de la localidad. Como en los casos anteriores la fiesta se remató con comida y danza.
Villanueva de Duero repitió una tradición con casi trescientos años de antigüedad y una cofradía que con 53 integrantes tiene una veterana, Ángela Rojas, de 93 años. La víspera hubo chocolate y baile y ayer, las nuevas mayordomas invitaron a refresco y pastas antes de la comida de hermandad.
En el caso de Tordesillas, las integrantes de la cofradías, vestidas con el traje típico castellano, se citaron en la Plaza Mayor para acudir a la iglesia de San Pedro y desde allí, recorrer la localidad con la imagen de la santa en andas. El domingo por la noche hubo fiesta de disfraces y ayer, una misa a las 19.00 horas y después, más fiesta y baile hasta bien entrada la noche.
En Villalón de Campos, la asociación cultural convocó a casi un centenar de mujeres que acompañaron por la tarde al Ayuntamiento a Ángela Pérez Santos, la águeda alcaldesa de este año. Por la noche estaba anunciada cena con baile, solo para las féminas.
Tudela de Duero, en las inmediaciones de la capital, es también muestra de cómo se desarrolla esta festividad en las localidades del alfoz de Valladolid. Ayer, tras la multitudinaria procesión, el alcalde, Óscar Soto recibió a la comitiva en la Plaza de España y luego tuvo lugar la comida de hermandad. Esta vez viajaron en calesa hasta el recinto hostelero las mjjeres que desempeñarán los cargos este año con la alcaldesa al frente, Dori Alonso. Tras el almuerzo, discomovida para los asistentes.
Torrelobatón se unió a los actos con una misa en honor a la santa y un baile en la Plaza Mayor donde las mujeres estuvieron acompañadas por charangas mientras los maridos observan las danzas desde los soportales, sabiendo que ese día está reservado para ellas.
Medina del Campo despertó ayer con los cohetes que anunciaban la salida de las águedas en busca de las cofrades que portan este año las varas de mando, encargadas de ofrecer el desayuno y el almuerzo al resto de compañeras. Después de la ceremonia religiosa en la iglesia de San Miguel, las asistentes se reunieron en un restaurante y por la tarde, el baile puso el punto final a la celebración. Hubo festejos similares en Villaverde de Medina y Nava del Rey
En la Ribera del Duero la fiesta también tiene numerosos puntos de encuentro. En el caso de la capital de la ribera vallisoletana, Peñafiel, las mujeres tomaron la calle, bailaron y danzaron durante toda la jornada después de llegarse hasta el Ayuntamiento para solicitar, por un día al alcalde, Agapito Fernández, la gobernación del municipio. En Campaspero, danzarno a la patrona a primeras horas de la tarde en la iglesia de Santo Domingo y en Cogeces del Monte eligieron alcaldesa a Paqui Novo. Provistas de peines y frascos de perfume, peinaron y aromatizaron a cuantos varones se cruzaron en su camino. Tras ser aseados, a los hombres se les ofrece una pasta para después pedirles como pago una propina, eso sí, de «la voluntad».