
Su descaro no jugó en su contra y el grupo de maleantes -en buen número a tenor de los resultados- pudieron huir impunemente con un botín de 90.000 euros que incluía no sólo las placas solares del exterior de los inmuebles sino también frigoríficos, televisores, bicis, todo tipo de material de albañilería e, incluso, la silla de ruedas de un discapacitado.
«Está claro que es gente que sabe lo que hace y que vigilaba la zona», explica uno de los afectados, Julio Casares, «ya que es necesario tener un mínimo de conocimientos para llevarse las placas solares del tejado sin romperlas y los convertidores de dentro». Toda la instalación completa salvo las baterías -al parecer sin salida en el mercado negro- valorada en el conjunto de nueve de los diez chalés desvalijados -el décimo es el único que tiene tendido eléctrico- en 60.000 euros.
Selección del material
El aislamiento de las parcelas, ubicadas al otro lado de la carretera de Soria en sentido a Villabáñez, y la ausencia de inquilinos estables, salvo uno al que los ladrones dejaron en paz, hizo que los asaltantes se tomaran su tiempo y llegaran a hacer una selección del material obtenido antes de cargarlo en un vehículo con una capacidad «muy considerable». Así lo cree otra de las víctimas, Eloy Segura, quien recuerda que en su parcela dejaron abandonados un lavavajillas y una impresora que «no eran nuestras».
La desafortunada visita a las siete casas del camino de Los Monteros tuvo lugar en la madrugada del 2 al 3 de enero mientras que las otras tres viviendas desvalijadas lo fueron antes de Navidad. La forma de actuar fue la misma en todos los casos. «Los ladrones cortaron la verja de la calle, usaron una escalera para quitar las placas del tejado, forzaron las ventanas y puertas del almacén y de la casa y, una vez dentro, se llevaron todo lo que pudieron», resume Julio Casares. No eran unos chapuzas y utilizaron guantes, que luego tiraron al pozo de la casa de Eloy Segura antes de emprender una tranquila huida con el botín.
«Tenemos tres duros y te tienes que empeñar para poder traer aquí a tu hijo en verano -el usuario de la silla de ruedas robada- para que luego te pase esto», lamenta Julio Casares, quien reconoce que no tiene seguro porque «nadie te lo hace para las placas solares al estar colocadas al aire en el tejado». Él y su vecino Eloy estudian colocar ahora placas desmontables para quitarlas durante su ausencia y dejarlas fijas sólo en la época estival. «La verdad es que aquí sólo estamos viviendo en verano y el resto del año vienes un rato para regar la huerta o dar de comer a los animales», explica.
Lo que tienen claro los afectados es que nunca volverán a ver sus bienes desvalijados después de que los agentes de la Guardia Civil que acudieron a investigar lo ocurrido reconocieran que «carecían de pistas sobre los autores» y no encontraran ni «una sola huella para poder indentificarles».
Sin miramientos
«Ahora tendremos que poner doble verja y aumentar la seguridad, pero a ver quién es el listo que se atreve a dormir aquí», confiesa Julio Casares. Poco pueden hacer los candados, vallas y cerraduras contra unos ladrones que fueron preparados para cualquier contingencia y que registraron la casa de Eloy Segura hasta que localizaron unas llaves «para poder entrar con más facilidad al almacén». En el resto de casas no se anduvieron con miramientos y reventaron verjas, puertas y ventanas. Los afectados reclaman, al menos, una mayor vigilancia.










