
El delincuente habitual trajo de cabeza a los investigadores de una oleada de robos que afectó con especial virulencia a los aparcamientos de la ciudad desde mediados de diciembre hasta hace una semana. Nada menos que quince estacionamientos visitó de madrugada el autor de las sustracciones cometidas en poco más de cuatro semanas en barrios como Delicias (4), Parquesol (3), Pajarillos (1) y la zona centro (7). Uno de los asaltos más singulares se produjo en la madrugada del día de los Santos Inocentes en un garaje de la calle Guipúzcoa, en Delicias, al que accedió gracias a un apagón que inutilizó la puerta de acceso.
«Cogió un extintor -lo utilizó en todos los asaltos- y reventó los cristales de un montón de coches», recuerda una de las víctimas, quien añade que el autor aprovechó la visita para llevarse un mando del garaje. Con él regresó sólo dos semanas después para repetir la operación. «Al final destrozó más de veinte coches», relata el testigo. Tanto fue así que en uno de ellos desguazó literalmente los asientos traseros para llegar al maletero. Su objetivo: «Coger lo que encontrara a la desesperada para cambiarlo después por droga o venderlo de mala manera», aclaran fuentes policiales del caso.
Decenas de aparatos de GPS, móviles, ordenadores portátiles, cedés, chalecos reflectantes, sistemas de manos libres y tarjetas de crédito fue acumulando el ladrón hasta lograr un botín de varios cientos de euros para sufragar su adicción a los estupefacientes. El sospechoso, además, consiguió estafar mil euros en metálico a dos víctimas fruto de sendas operaciones con otras tantas tarjetas de crédito sustraídas.
Su precipitada carrera delictiva comenzó, sin embargo, en un garaje de Salamanca a finales de noviembre, una ciudad frecuentada con asiduidad por el joven vecino de Tudela de Duero presumiblemente para adquirir droga. Allí robó en el interior de un coche estacionado en un garaje.
Asalto frente a su casa
Las facilidades para lograr dinero y la aparente impunidad de aquel primer delito le llevó supuestamente a asolar los garajes no sólo de la ciudad sino también de su propio pueblo. Nueve garajes visitó allí presuntamente el vecino para aumentar su botín. Entre ellos se encontraba el aparcamiento del edificio de enfrente a su domicilio de la calle Puente.
Todo iba bien hasta que cometió un error: elegir un estacionamiento situado frente a un negocio con cámaras de seguridad con vistas a la calle. Los policías utilizaron la grabación para identificarle y comenzaron una serie de vigilancias de los movimientos del sospechoso hasta que el martes por la tarde decidieron intervenir. Para ello contaron con la colaboración de policías locales de su pueblo, quienes, al parecer, le citaron en su oficina de la Plaza de España, junto al Ayuntamiento, para un asunto menor. Allí mismo fue detenido por agentes del Cuerpo Nacional a las 17.00 horas sin que ofreciera resistencia.
Su suerte estaba echada y el registro realizado al día siguiente en su domicilio del número 8 de la calle Puente, donde vive con su madre, sirvió para probarle por ahora ochenta -los cometidos en la capital- de los 120 robos en coches de los que es sospechoso. 'El Lagarto' guardaba en su domicilio algunos mandos de los garajes desvalijados, así como llaves particulares y otros objetos procedentes de los objetos sustraídos.
El ladrón del extintor
Fuentes de la investigación mostraron ayer su confianza en la solidez de las pruebas reunidas contra el detenido para imputarle más de un centenar de delitos de robos con fuerza y daños. Su forma de actuar, idéntica en los 120 robos, jugará en su contra, ya que todos los asaltos siguieron el mismo patrón: «El autor descolgaba el primer extintor que encontraba dentro del garaje y reventaba las lunas de un montón de coches para robar en su interior lo que encontrara de valor», aseguran las fuentes consultadas. El 'ladrón del extintor' actuaba siempre de noche aprovechando la entrada de algún vecino -para sus segundas visitas solía hacerse con un mando- y, una vez dentro del garaje, reventaba los cristales de cuantos coches encontraba a su paso.












