
LOS ALIJOS DE LA DÉCADA
La operación, denominada 'navío', supone la tercera incautación más importante de este tipo de sustancia en cuanto a cantidad de los últimos diez años en la comunidad. Nada menos que siete millones de euros hubiera alcanzado el alijo en el mercado negro si José Miguel C. A., 'Chori'; Santiago G. M., 'Santi'; Luis S. O. -los tres vecinos de Tudela de Duero-, y Pedro Francisco D. R. -residente en la capital-, los cuatro sospechosos, hubieran conseguido repartirse la droga para distribuirla después por la región.
Intentona fallida
La policía cree que los cuatro actuaban como intermediarios para segundas personas, aún por identificar, a través de una empresa tapadera dedicada en apariencia a la importación de maderas nobles desde Colombia. Tanto es así que el jefe de la Brigada Judicial, Ángel Martín Calvo, recordó ayer que hace unos años «ya les seguíamos la pista y llegamos a examinar un contenedor que al final resultó que era un señuelo que sólo llevaba madera». Entonces no levantaron la liebre y la paciencia permitió que el lunes les sorprendieran con la cocaína.
El sistema utilizado para traer las sustancias estupefacientes era el mismo que sospechaba la policía -envió en barco de la droga oculta en un contenedor repleto de tablas de madera- , cuyos agentes comenzaron las pesquisas en junio al comprobar que los presuntos 'narcos' «enviaban grandes cantidades de dinero a un suministrador colombiano».
Cuando éste reunió la «cantidad suficiente» se encargó de preparar un gran contenedor naranja repleto de madera de haya y, bajo el suelo, de paquetes plastificados -para soportar la humedad- con cantidades que oscilaban entre los 230 y los 360 gramos de 'coca' perfectamente ocultos entre la estructura de vigas de metal. «El agente colombiano se encargó del papeleo y envió la supuesta partida de madera en barco rumbo al puerto de Valencia», prosiguió Martín Calvo. Allí les esperaban los agentes para seguir al camionero -«el transportista no sabía nada», matizó- hasta la nave salmantina que utilizaban los acusados como sede de la empresa de importación -en el exterior no tiene siquiera rótulo-.
El reducido tamaño de la puerta del almacén obligó a los receptores a «sacar las maderas y desmontar la estructura del suelo en la calle». Tal situación facilitó aún más las cosas a unos policías que esperaron su momento desde la una de la tarde -cuando llegó el envío- hasta los ocho para intervenir. «Les dejamos que descargaran las maderas -18 toneladas- con un toro mientras veíamos que apenas sabían manejarlo y decidimos actuar cuando vimos cómo uno de ellos se alejaba porque parecía que había detectado algo raro», explica el jefe de la 'operación navío'. Los cuatro fueron detenidos allí mismo por un amplio despliegue de efectivos.
Los agentes realizaron una catas con un taladro en el fondo de madera del contenedor y, al comprobar que «la broca salía con polvo blanco», comenzaron la tarea de desmontaje del doble suelo. Para ello necesitaron más de seis horas de trabajo y la ayuda de una dotación de Bomberos de Salamanca. Éstos utilizaron «una sierra y material de excarcelación para sacar los paquetes de droga», confirmaron fuentes del Cuerpo.
Martín Calvo reconoce, sin embargo, que la operación sigue abierta y considera que los «dos sospechosos que están identificados caerán en poco tiempo». El perfil de los cuatro que sí fueron detenidos responde al de «inversores de tipo medio-alto que trabajaban para un jefe y que se encargaban de repartirse la droga por kilos -así lo tenían apuntado en una libreta- para luego distribuirla entre los camellos».
El destino final de la droga era el 'menudeo' en «las provincias de la región y, en especial, el entorno de colegios y centros de ocio», explicó el delegado del Gobierno, Miguel Alejo, ayer por la mañana.El sistema de transporte de la droga procedente de Colombia que utilizaba la red internacional desarticulada el lunes era más que complejo. Los proveedores del país colombiano construían una estructura de madera de haya o de teca -muy sólida- con «oquedades preparadas para meter cada paquetito envuelto en plásticos de 230 a 360 gramos de peso», desveló el jefe de la Brigada Judicial, Ángel Martín Calvo. El armazón de madera se adaptaba al milímetro con las vigas metálicas del fondo del contenedor en el que transportaban la mercancía «simulando hasta el más mínimo detalle como si fuera su verdadero suelo metálico y para ello, incluso, pintan en la superficie aparentes restos de óxido».
El armazón de madera, una vez listo, se atornillaba a las estructura metálica ocultando los pequeños envoltorios. El tipo de madera y el plástico que cubría la mercancía era el «idóneo para evitar que la droga se viera afectada por la humedad».





