Martes, 6 de marzo de 2007
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CASTILLA Y LEÓN

CASTILLA Y LEÓN
Dos testigos dicen que la acusada de un doble atropello se saltó el semáforo
Ella reconoce que tomó una copa y alega que «iba bien» mientras que el otro conductor declara en Valladolid que «circulaba a 38 ó 42 por hora»
Dos testigos dicen que la acusada de un doble atropello se saltó el semáforo
Los padres del fallecido Cristian Ramos (primera pareja por la derecha) observan a los dos acusados -en el centro de la sala-. / H. SASTRE
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EL ACCIDENTE
22 de mayo del 2005: Un Peugeot 306, cuya conductora triplicó la tasa de alcohol, circula por el paseo de Zorrilla y choca contra un furgón que atravesaba la vía por García Morato. El coche da vueltas de campana y arrolla a una joven en la acera de Zorrilla y el furgón deja un muerto y dos heridos en la mediana de la calle García Morato.


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Los dos conductores implicados y acusados por el doble atropello mortal del cruce de García Morato con el paseo de Zorrilla de Valladolid del 22 de mayo del 2005 se culparon ayer mutuamente del choque. Ambos dicen que circulaban a una velocidad adecuada y ambos dicen que pasaron sus semáforos en verde. ¿Quién no dice la verdad? Las pruebas y los testigos apuntan a la conductora del Peugeot 306, R. A. A., como principal responsable del siniestro. No en vano, dos conductores que circulaban aquella fatídica madrugada por García Morato coincidieron en señalar en el juicio que el semáforo estaba en verde cuando cruzó la furgoneta de reparto implicada, mientras que dos policías locales recordaron que la joven «olía a alcohol» -triplicó la tasa de alcoholemia- y que, incluso, llegó a reconocer que había bebido «cuatro cubatas».

En cuanto al repartidor de prensa, J. A. O. R., solo una de las testigos mencionadas le vio sobrepasar su coche cuando «el semáforo se acababa de poner en verde» y reconoció que «la furgoneta no iba despacio», si bien matizó que a su juicio «iba normal aunque quizás superaba los cincuenta kilómetros por hora». De lo que no tuvo dudas la testigo principal del accidente -lo vio de frente desde el semáforo de al lado de la cafetería Moka- fue de que el «Peugeot venía como un relámpago» por el carril central de Zorrilla.

La misma testigo, una trabajadora de un bingo próximo que acababa de salir de su lugar de trabajo -eran las 5.30 horas-, fue más allá y justificó que «si el semáforo se abre un poco antes la que está en el cementerio ahora soy yo».

En el mismo sentido, el piloto de otro coche -un joven que iba a su lugar de trabajo y que estaba parado en el semáforo de García Morato del lado de la parada de taxis- relató que «el disco estaba verde y acababa de salir cuando vi el golpe después de haber recorrido unos metros». El conductor declaró que vio «claramente» el accidente y cómo «la furgoneta no circulaba muy deprisa y el 206 -confundió el modelo- iba a una velocidad considerable de entre 80 y 100 kilómetros por hora».

Víctimas de 19 y 24 años

Las declaraciones de las dos únicas personas que pudieron ver con nitidez lo ocurrido, al menos sus posiciones así lo avalan, señalan así a la conductora del 306 como responsable. Así lo cree también la fiscal, que pide la absolución del repartidor de prensa -solo el abogado de las víctimas solicita dos años de cárcel- y tres años y medio de cárcel por doble homicidio imprudente para la joven.

Las pruebas físicas, sin embargo, no son concluyentes y los policías municipales que elaboraron el atestado solo apuntaron que la conductora del 306 «probablemente» se saltó un semáforo, a la luz de lo dicho entonces por los testigos, y que uno de los dos vehículos «podría haber circulado a más de cincuenta por hora». De lo que no hay duda, en principio, es de las tres pruebas de alcohol -una de aire expirado y otra de sangre- en las que R. A. A. triplicó la tasa.

Ella niega la mayor y, en una declaración sin aparentes fisuras, aseguró que sobrepasó el semáforo del carril central del paseo de Zorrilla cuando estaba abierto: «Vi el semáforo en verde y es posible que al pasar se pusiera en ámbar, pero yo en ningún momento lo vi en ámbar». La joven, vecina de Tudela de Duero, reconoció que esa noche -salió de fiesta con sus amigas desde las 0.30 horas y se dirigían a la discoteca Pachá de Parquesol- había tomado «una copa» tiempo antes de coger el coche y alegó que «estaba en perfectas condiciones para conducir».

Una de las amigas que viajaba con ella en el asiento del copiloto -la que iba sentada atrás no recordaba nada- corroboró su versión y confirmó tanto que el semáforo «estaba verde» como que «no íbamos a más de 50 o 60 por hora».

Sea como fuere, el impacto hizo que la furgoneta arrollara al fallecido Cristian Ramos, de 19 años, sobre la mediana de García Morato y que el turismo hiciera lo propio con otra joven de 24, S. V. P., en la acera del paseo de Zorrilla.

 
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