El desfile de disfraces de Delicias cumplió ayer 18 años como el pasacalles más importante de la capital. Decenas de personas recorrieron las calles del barrio para mostrar sus divertidas creaciones. Destacaban, entre otros, los tres autobuses (uno de ellos de la línea C2) elaborados por los 22 alumnos de sexto B del colegio Pablo Picasso o los botes de Zumosol en los que acudieron metidas Sandra, Clara, Alicia, Coraima, Jessica y Elena, de quien partió la idea. Seis estudiantes del colegio Nuestra Señora del Carmen compusieron un tren de la amistad y entre los participantes del concurso de disfraces también pudo verse a Blancanieves y los siete enanitos, varios payasos y multitud de piratas y princesas. La fiesta terminó con un baile en el parque de la Paz.
La Rondilla fue el barrio con el desfile más madrugador. Minutos antes de las 17.00 horas la comitiva partía del centro cívico a ritmo de dulzaina y merengue. A la cabeza iban Jacqueline, Leticia, Yolanda, Gina, Eloísa, Carina, Jeanete y Vicky, integrantes de la asociación ecuatoriana y que se enfundaron un traje típico de la costa de su país. En Huerta del Rey cincuenta niños participaron en una función de baile en la que mostraron los trajes confeccionados el lunes y martes en los talleres del centro cívico. El pasacalle de Parquesol concluyó con una chocolatada en la plaza Marcos Fernández. Y el Carnaval más reinvidicativo se vivió, un año más, en Pilarica y Belén. Las asociaciones del barrio -como el club cultural El Olmo o el grupo de Cultura Popular Pilarica- participaron bajo el lema 'Yo también quiero una VPO'. No faltaron las coplillas: «Al hijo del señor alcalde hay que darle una peseta, para que así, poco a poco, pueda pagar la hipoteca», cantaban en la plaza de las Nieves.