Tierra de Campos

El temple de Tlaxcala se afina en Villalpando

Un novillero mejicano, "niño torero" en su país, lleva meses en el municipio zamorano «aprendiendo los secretos» de la Fiesta Nacional

 
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CELEDONIO PÉREZ A veces las obsesiones nacen por deficiencias o excesos que escupe el subconsciente para limpiarse. Otras, por la repetición de actos que martillean el cuerpo y se clavan muy adentro. Las dos situaciones, si hubiera que estudiarlas clínicamente en un solo individuo, habría que ir a Joaquín Angelino de Arriega, Angelino de Arriega, a secas, de nombre artístico; 18 años recién estrenados; mejicano de Tlaxcala, el estado con más señas prehispánicas de México que fundó Cortés; joven para el que en el mundo sólo hay toros, festejos taurinos; loco de la Fiesta Nacional; hecho para torear, para lidiar con una bestia avisada en el círculo del dolor, del triunfo o/y la tragedia.
La imagen le viene en sueños y se repite como una pesadilla: allí está él, fotocopiado en mil cuerpos idénticos, rodeado de espejos, toreando de salón como los ángeles, como Perera, como José Tomás... Y se despierta sudando en el "Cañada Real" y corre hasta el aula del edificio del antiguo juzgado de Villalpando. Allí se refleja en los dos espejos y da mil pases perfectos a un toro imaginario, que embiste incansable como el carretón que empuja Jesús Granado y Antonio Gatero, sus entrenadores. Se estira hasta descomponerse y el astado pasa y pasa, haciendo el avión, tragándose las baldosas del antiguo edificio judicial.
Villalpando es, desde el verano pasado, su casa, su mundo, su universo. «Vine desde Sevilla aconsejado por mi apoderado (Ricardo González Mansilla, uno de los dueños del hotel "Cañada Real" de Villalpando) en agosto del año pasado. No me arrepiento, he encontrado la tranquilidad que necesitaba, el ambiente taurino propicio, todo lo que estaba buscando...» Angelino de Arriega tiene ese habla dulce que da la América hispana, pero no la prodiga: «Soy de pocas palabras, a mí lo que me gusta es hablar en la plaza, con el toro como testigo...».
Vive por y para los toros. Mejor, para hacerse torero, matador, triunfar en un mundo complicado, que no le es ajeno porque su familia está metida hasta los ojos en las bambalinas de ese magma: uno de sus hermanos es torero en Méjico (José Luis Angelino, apoderado durante un tiempo por Victorino Martín), su padre es banderillero, lo mismo que otro de sus hermanos. Quiere hacer el camino inverso. «Quiero crecer aquí como profesional y después ir a mi tierra ya con un nombre. España es la cuna y el universo que da y quita. En esas estoy...».
Ha mamado los festejos taurinos. Fue "niño torero" en Méjico. «A los siete año maté mi primer becerro, pero pronto me di cuenta de que para aprender de verdad había que hacerlo en España». Y aquí se vino, hace dos años, todavía con el palpitar adolescente en su pecho. «Llegué a Andalucía con un grupo de amigos de mi país, todos queríamos ser toreros. Estuve un tiempo en la Escuela Taurina de Sevilla. En un ciclo de novilladas en Málaga quedé segundo, participamos 18 novilleros... Me di cuenta de que estaba hecho para esto ...».
Y llegó a Villalpando en verano con la única obsesión de curtirse, de perfeccionar su forma de torear. ¿Por que Villalpando? «Porque mi apoderado tiene allí un hotel y porque me habían dicho que era un pueblo con ambiente taurino, con tradición, con toreros...». Y así es, porque allí todavía sigue viva la estela de Andrés Vázquez, está en vigor el arte de Luis Miguel Villalpando, las ganas de Antonio Boyano, el recuerdo indeleble de "El Velas"; un pueblo que todavía recuerda vacas famosas por "resabiadas" que hace mil años patearon todos los pueblos de la zona como "La Zurda"...
Angelino de Arriega, ojos concentrados, pelo ensortijado, cuerpo juncal, se dedica día y noche a mejorar su estado de forma, a perfeccionar su temple. «No me quiero definir, que lo hagan otros. Me gustan los mejores: Perera, Finito de Córdoba...». ¿Y José Tomás?: «Ese es aparte, un fenómeno, diferente...». En este punto de la conversación tercia Ricardo González: «Que nadie crea que José Tomás no tiene miedo, lo tiene, lo que pasa es que es un torero responsable, sabe que tiene que exponer, que el triunfo no es gratis..., y es consecuente».
Arriega se está preparando para la temporada que alborea. «Va a ser muy importante para mí. Me lo voy a jugar todo. Tiene que ser el paso definitivo para ser torero». Sus antecedentes son buenos: debutó con caballos en septiembre del año pasado en Laguna de Duero y fue el triunfador de la feria. Este año repetirá y hará el paseíllo en más de 15 novilladas. Para empezar, el próximo 28 de marzo en el festival que organiza la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados en Zamora. Después irá a Cáceres, Avila, Toledo, Mora, Haro, Laguna y Tudela de Duero... «Y a muchos más sitios si está bien, si demuestra lo que todos creemos que lleva dentro», añade su apoderado.
«Me llaman el mejicano de Villalpando, la verdad es que me siento como en casa. Vas a los bares y todo el mundo habla de toros, hay ambiente...». ¿Más que en Sevilla? «Es diferente, allí se habla mucho de toros, pero hay más mala leche. Aquí me siento como en casa, muy arropado...». ¿Y Andrés Vázquez? «Me llevo bien con él. Ha sido un gran torero». «Andrés, Andrés...», repite por detrás Ricardo González, sin que el periodista sepa lo que quiere decir, aunque sí lo intuye. Mutis.
La vida cotidiana de Angelino Arriega no tiene altibajos. «Es todo el día metido en el mundo de los toros, toreando de salón, haciendo deporte, participando en tentaderos: Alcurrucén, Cantoblanco, Victorino Martín...». Vive en el hotel de su apoderado y allí «echa una mano». Después, a lo suyo. A soñar faenas de ensueño que levanten como un cohete Las Ventas o la Monumental de México. Pero antes, trabajo y trabajo. Vuelve a hablar su apoderado, Ricardo González: «Estamos ilusionados con él. Sabemos que es muy duro lo que ha hecho, dejar a su familia y venirse a España con el único objetivo de hacerse torero. Lo estamos apoyando porque estamos convencidos de que tiene madera de triunfador: valor, temple, mucho aplomo... Queremos que se haga aquí, en España, como César Rincón...».
La verdad es que Angelino se deja querer. «No, no, por las mujeres no, para triunfar hay que pensar sólo en el toro, ya habrá tiempo para todo. Ahora sólo vivo para lo que vivo», apunta pícaro, risueño y un poco nervioso el novillero. Entre sus apoyos está el torero salmantino Juan Diego y también varios industriales de la comarca de Tierra del Pan, entre ellos el restaurador y cocinero Cecilio Lera.
Angelino está muy agradecido: «Pues claro que me siento un poco de Villalpando. Estoy muy agradecido a la "Cañada Real", que es mi casa, un hotel con ambiente taurino y por el que han pasado las más importantes figuras del toreo y los ganaderos más renombrados». Dicho queda.

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