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Fermín Salvochea y otros anarquistas andaluces
Si bien la historia  en general, y la social en particular, la hacen desde abajo los pueblos, también es cierto que de entre el pueblo emergen personalidades que encarnan de una manera consecuente al pueblo...      
Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaos en la Red) [26.02.2007 11:18] - 5 lecturas - 0 comentarios


Si bien la historia  en general, y la social en particular, la hacen desde abajo los pueblos, también es cierto que de entre el pueblo emergen personalidades que encarnan de una manera consecuente al pueblo...        

      Estamos hablando de unos pocos personajes que sintetizan de alguna manera una historia colectiva, y permanecen como mitos, y el caso de Fermín Salvochea Álvarez, resulta más que obvio. Se le puede definir como un mítico anarquista andaluz, llamado por sus largas estancias en la cárcel y por su lucha incesante el «Blanqui español» (Cádiz, 1842-Ib.1907). Era hijo de una familia de ricos comerciantes que tuvo una infancia muy feliz. A los 15 años lo enviaron a Inglaterra a aprender la lengua y a prepararse en el conocimiento del negocio. Estuvo allí durante 5 años repartidos entre Londres y Liverpool, que serían decisivos para su formación intelectual y política, influyendo en él, el internacionalismo de Thomas Paine («mi patria es la humanidad»), el ateísmo positivista de Charles Bradraugh y el comunismo de signo oweniano.

          En, 1864 se encuentra de nuevo en la bahía gaditana dispuesto a luchar por la República Federal y no tarda en alcanzar notoriedad con el proyecto de liberación de los presos políticos de 1866, que aumenta por su densa actuación en la revolución de 1868 donde Salvochea es un hombre de confianza de los conjurados y enlace de Prim, así como miembro destacado de la «comuna» gaditana y segundo comandante de un batallón de voluntarios con el que defendió la ciudad hasta el 11 de diciembre en que se entregó; ya en estos acontecimientos, Salvochea se hace clara su tendencia a desbordar el cuadro político de una revolución liberal. Meses después es elegido diputado sin que el gobierno acepte el acta aunque tiene que concederle la amnistía. Emprende seguidamente una campaña de agitación por Andalucía de contenido federalista y de apoyo al movimiento de 1869, luego toma parte en el combate al mando de partidas de voluntarios en Alcalá de los Gazules, pero resulta vencido y escapa a Gibraltar y después a París.

         En la capital francesa encabeza el 12 de enero de 1871 una manifestación contra Napoleón III. En este año se afilia a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). A continuación de un viaje a Londres, Salvochea retorna a su ciudad natal con la amnistía de aquel año y es nombrado alcalde, cargo que abandona en 1873 por el fusil y como presidente del comité administrativo de la revolución cantonal. Defiende la ciudad contra la escuadra inglesa y contra Pavía hasta la derrota que le lleva a un consejo de guerra en Sevilla que lo condena a cadena perpetúa en prisiones norteafricanas. Será en la cárcel donde se hará anarquista, consagrando una influencia que se había manifestado ya dentro de su federalismo radical.

          En 1872 mantiene contactos con Lorenzo con la finalidad de crear una asociación de Defensores de la Internacional y al año, Salvochea siguiente constituye el primer germen organizativo del anarquismo andaluz. Los años de cárcel lo serán también de estudio del cuerpo de doctrina anarquista que asimila rehuyendo cualquier tentación sectaria. Cuando se le ofrece una amnistía, la rechaza porque no alcanza a todos sus compañeros, y meses después, en 1880, huye a Gibraltar y después a Lisboa y Oran para desembocar en Tánger. En 1886 regresa a España con una enorme aureola de santo revolucionario y se entrega a una gran campaña de agitación en favor del comunismo anárquico, funda su famoso periódico El Socialista (que sobrevive penosamente a las prohibiciones y a los encarcelamientos de su director) y traduce a Kropotkin, con el que se siente muy identificado. Se encuentra en prisión cuando ocurren los acontecimientos de Jerez de 1892, pero esto no es obstáculo para que se le atribuya su instigación y será condenado a 12 años de cárcel que transcurren en Valladolid y Burgos en condiciones bastante penosas.

         Liberado en 1889, con la vista muy debilitada, vive en Madrid en la pobreza escribiendo en diversos periódicos y representando una casa de vinos. No obstante, su actividad sigue en pie. Frecuenta el Casino Federal y la Sociedad de Librepensadores, y escribe en La Revista Blanca. Su presencia se hará notar en actos como el entierro de Pi i Margall, y el sonado estreno de la Electra de Benito Pérez Galdós, en defensa de la libertad de expresión contra la intolerancia religiosa. También forma parte en la preparación del Congreso anarquista de 1900. Su labor como traductor y libelista le lleva a ser perseguido de nuevo, y tiene que marcharse a Tánger poco antes de su fallecimiento. Murió en Cádiz en olor a multitudes, como un héroe legendario y su entierro se convirtió en una imponente manifestación libertaria.

          Hombre de acción, romántico y lúcido, fue un estudioso y escribió poco, pero lo que hizo fue un modelo de coherencia y apertura intelectual. Sus artículos están repartidos por toda la prensa libertaria importante de su época, aparte de Kropotkin, tradujo a John Milton y a Camille Flammarion. Maestro de una generación de anarquistas su figura fue glosada por la literatura, en particular por Vicente Blasco Ibáñez que lo retrata con el nombre de Fermín Salvatierra en su célebre obra La bodega (de las existen sucesivas reediciones en Plaza&Janés). También inspiró un rosario de tanguillos populares gaditanos y su prestigio sobrevivió el tiempo, incluso durante el franquismo su nombre se sentía todavía en los pueblos andaluces. Pedro Vallina (Crónica de un revolucionario. Con trazos de la vida de Fermín Salvochea, Solidaridad Obrera, París, 1958) y Rudolf Rocker le dedicaron sendas biografías, aunque todavía esta por escribir un estudio serio y riguroso de su aventurera y magnífica existencia. En 1987, el cineasta Carlos Fernández le dedicó una película, Fermin Salvochea, visto para sentencia, un trabajo tan voluntarioso como pobre de medios cuyo heroico esfuerzo de producción sería castigado en su distribución, convirtiéndose en un «films maldito» que muy poca gente ha podido visionar. Un trabajo bastante reciente es el de Ignacio Aparicio Moreno, Aproximación histórica a Fermín Salvochea (Diputación Provincial de Cádiz, San Fernando, 1982). 

           Otra de las personalidades más sobresalientes del anarquismo andalúz y español de la segunda mitad del siglo XIX fue Teobaldo Nieva Aguilar, (Málaga, 1834-1894). Se sabe que antes de 1870 residía en su ciudad natal, y que dirigía un periódico. Ulteriormente se trasladó a Barcelona, donde tuvo una intervención destacada en el obrerismo catalán de la época, y escribía habitualmente en La Federación, el órgano del Centro Federal de las Sociedades Obreras de Barcelona, sobresaliendo por sus numerosos artículos de carácter antirreligioso. En julio de 1871, escribió un apasionado trabajo en defensa de los «communards» parisinos, argumentando a favor de la revolución social. Igualmente escribió en defensa del materialismo, y de un individualismo basado en la defensa de los derechos naturales, y las convicciones cientifistas. Su propuesta económica irá en el sentido de un colectivismo anarquista que, partiendo de la comunidad de los bienes de producción se llegaría a la privatización justa de los productos producidos. También llevó una intensa actividad en Madrid, donde vivió bastante tiempo. Defendió sus principios en el folleto Química de la Cuestión Social (Madrid 1886), y en otros artículos publicados en el semanario libertario madrileño Bandera Social (1885-1887), y tomó parte en el Primer Certamen Socialista (Reus, 1885).

           Nieva fue igualmente fue uno de los fundadores y colaboradores más habituales de la revista Acracia (1886-1888). A partir del año 86, a continuación de una pasajera estancia en París, operó una evolución hacia el comunismo, criticando el colectivismo como dogmático, argumentos que justificó en su obra La capacidad revolucionaria de la clase obrera, de la que únicamente aparecieron algunos capítulos en diversos números de Acracia. Desde esta línea participa en el Segundo Certamen Socialista (Barcelona 1889) y colabora en el periódico El Productor (1887-1893). Su pista se pierde, pero se sabe que murió en la miseria y distanciado del movimiento anarquista. En estos medios se le recordó como un bohemio con un talento extraordinario para el debate y con unos conocimientos muy vastos. Se puede encontrar pistas de Nieva y de otros protoanarquistas en el magnífico libro de Manuel Morales Muñoz, Málaga, la memoria perdida: los primeros militantes obrero (Diputación Provinccial de Málaga, 1989). 

          De esta época también es justo resaltar a Miguel Rubio, internacionalista y aliancista sevillano sobre el que se ignoran muchas cosas. Nettlau dice que «había llegado por su propia reflexión» a la concepción del comunismo libertario, y en base a ella fundó un pequeño grupo en Sevilla siendo expulsado en marzo dé 1883 de FRE. Tomás lo acusó en el debate de estar ciego a las exigencias del campesinado andaluz, en tanto que Rubio defiende la propaganda por el hecho contra los opresores, incluida la represalia. Sigue funcionando al margen del movimiento anarquista, sin cesar en sus actividades durante toda la década y pudo ver como algunos de sus planteamientos se imponían. En la década siguiente dio algunos mítines famosos y colaboró en Tribuna Libre. Fue muy influyente entre la juventud revolucionaria de la capital andaluza, amigo de Lorenzo, en 1901 saluda desde la cárcel  la huelga general barcelonesa.

           Pero después de Salvochea, el más notable de los anarquistas andaluces fue sin duda José Sánchez Rosa, el menor de los numerosos hijos de un zapatero (Grazalema, Córdoba, 1864-1936). La estrechez económica de la familia le impidió incluso aprender el oficio de su padre viéndose obligado a trabajar como jornalero, aunque después, durante sus estancias en la prisión, también aprendió el oficio de zapatero. Allá por los años 1878-78, cuando el gobernador Romero Robledo daba por exterminado el anarquismo, los campesinos de la baja Andalucía seguían teniendo este ideal como norte de sus ansias de liberación. La prensa obrera local había desaparecido pero seguían llegando desde América Latina revistas como El perseguido que los jornaleros se hacían leer en la soledad de las eras. Sánchez era muy joven pero era uno de los pocos que sabían leer y fue escogido, luego tuvo que prepararse para poder explicar las cosas que leía, convirtiéndose así en un "maestro" en literatura revolucionaria. Tenía 13 o 14 años cuando sufrió la primera detención. José tomó parte en el movimiento conocido como de la "Mano Negra" y fue uno de los elementos más influyentes en el asalto jornalero en Jerez en enero de 1892; un año antes ya había asistido al Congreso madrileño del Pacto. Fue condenado a cadena perpetua, y su odio a la injusticia (salió en defensa de un anciano) hizo que se peleara con un guardián, por lo que fue juzgado y enviado a la cárcel de Cádiz donde conoció un obrero francés, discípulo de Eliseo Reclús, que le enseñó el francés y una amplia asignatura de luchas sociales.

          En la cárcel coincidió también con Salvochea que será su mentor y maestro. Excarcelado en 1901, se lanza con pasión a extender el ideal. Abrió escuelas en Tánger y en el Campo de Gibraltar, representó a la baja Andalucía en el Congreso de Madrid del mismo año. En 1902 interviene en la excursión nacional de propaganda junto con Bonafulla y Teresa Claramunt. Designado para acompañar a Kropotkin en su gira, cuando este no puede venir, Sánchez realiza un viaje de propaganda por la región levantina. Hacia 1903 su popularidad es inmensa y empezaba la publicación de sus numerosos folletos de propaganda con Reacción y progreso (1904). Es también por esta época cuando participa en una de sus controversias más famosas en Castro del Río, al lado de Juan Palomino Ojea, un ácrata convertido al marxismo. Cuando sobrevino la represión se refugió en Aznalcollar. En 1910 se traslada a Sevilla y alternó los trabajos de su escuela en Triana con las excursiones de agitación por Cádiz, Sevilla y Córdoba y con la publicación de sus numerosos folletos mediante la venta de los cuales subsana los gastos, amén de la ayuda de los compañeros del lugar. La década de los años diez conlleva un mayor impulso de su activismo, creando y desarrollando centenares de organizaciones obreras y campesinas, al tiempo que lleva una enorme labor de divulgación a través de su famosa  Biblioteca del Obrero.

           Para Díaz del Moral las "publicaciones de Sánchez Rosa son un modelo de literatura obrerista. Con clara intuición del alma popular se esgrimen en ella los resortes emotivos que apasionan al trabajador andaluz. Sus gustos por la oratoria encuentran satisfacción en folletos, como el de J. Médico, !Al Pueblo!, escrito en tono de discurso, cuajado de apóstrofes, de frases brillantes, de interrogaciones y execraciones. Bienvenida, original del propio Sánchez, es una novela comprimida, género romántico 1870, con sus ingenuas inverosimilitudes, sus traidor y su héroe, su acción rebosante de interés y su teatral desenlace en que triunfa la virtud y sucumbe el vicio. Pero lo más típico en esta literatura son los diálogos (el burgués y el anarquista; el obrero sindicalista y su patrono; las dos amiguitas, etc). Inspirado en otros de Malatesta, Sánchez ha tenido el acierto de escribirlo en lenguaje popular y de condensar en ellos los argumentos de propaganda más coincidentes con el sentimiento de las masas. Su plan se reduce a una discusión en la que la verdad y el bien (obrerismo) derrotan, confunden y humillan al error (capitalismo), con las consabidas alegaciones y con desplantes y arrogancias que colman el entusiasmo del lector" (Historia de las agitaciones campesinas en Andalucía).

          Sánchez seguirá con sus campañas y en el período "bolchevista" publica varios periódicos (El productor, La Anarquía) y polemiza agriamente con el CR de la CNT lo que da lugar a su expulsión que provocó un escándalo mayúsculo en toda la región, sobre todo en el sector anarquista adversario del sector más sindicalista encarnado en el lugar por Antonio Rosado y otros. Sánchez trató entonces de celebrar un congreso ácrata para crear otra CNT. Deportado por algunos meses en 1923 abre escuela en Sevilla, hace nuevas giras y trata de resucitar, de acuerdo con Federico Urales, La Revista Blanca. En los años siguientes declina su activismo, aunque sigue manteniendo su gran prestigio, en particular a través de su obra El abogado del obrero, manual en el que refleja su capacidad para criticar la legalidad vigente. Otras obras suyas son: La idea anarquista (1903), El obrero sindicalista y su patrón (1911), Discordancia del bronce (1919), En el campo, E! guarda y el obrero, Entre amiguitas, Azucena, Dalia y Camelia, Los dos fuerzas, reacción y progreso, Nuevo rumbo,  La aritmética del obrero, Bienvenida…Colaboró con la obra histórica de Manuel Buenacasa y prologó  El sindicalismo, de Enrico Leone...Imprescindible resulta la biografía que le ha dedicado el investigador José Luis Gutiérrez Molina, La tiza, la tinta y la palabra (Treveris/Libre Penamiento, 2005). 

           No menos apasionante fue la vida de Pedro Vallina (Guadalcanal, Sevilla, 1879-Veracruz, México, 1970), médico, escritor y agitador anarquista biógrafo y discípulo de Salvochea (escribió Crónica de un revolucionario. Con trozos de la vida de Fermín Salvochea. Ed. Solidaridad Obrera, París, 1958). Era hijo de un confitero y pequeño terrateniente de Sevilla y estudiaba medicina cuando entró en contacto con el primer núcleo anarquista andaluz y conoció a Fanelli. Hizo la carrera en Cádiz, y amplió sus conocimientos en Madrid, París y  Londres. Resulta implicado en la represión que sigue a un atentado contra Alfonso XII. Hondamente humanista y pacifista, Vallina enfoca su actividad militante fundamentalmente hacia la propaganda oral y escrita, confía en las virtudes de la educación popular y denuncia con vehemencia las condiciones higiénicas y sanitarias de la población obrera. En colaboración con la CNT construye un Sanatorio Antituberculoso para los trabajadores.

          En 1919 formará parte del Comité Revolucionario que lucha por las mejoras de los inquilinos en Sevilla, y asume responsabilidades como tesorero del sindicato en la región. Durante el "bienio bolchevista", Vallina es desterrado en cuatro ocasiones: al norte de África, a Portugal y a diferentes pueblos extremeños donde pronto será apreciado por los oprimidos y ferozmente odiado por los opresores. Colaboró con el "andalucista liberalista" Blas Infante, al que calificó como "el más ilustre hijo de Sevilla", pero se negó a formar parte (por principios) en las candidaturas andalucistas.

          Al comienzo del período republicano, Vallina era ya la encarnación del "fantasma" de la revolución en Andalucía para las autoridades. Miguel Maura llegó a estar convencido de que  estaba organizando una insurrección en Andalucía, que tenía como centro Sevilla y como medio la huelga general revolucionaria. El gobernador civil de la capital andaluza llegó a idear una trampa para responsabilizar a Vallina y anularlo para siempre. Se instaló en Alcalá de Guadaira e instó al movimiento obrero para que no cayera en una encerrona. No obstante fue detenido y la huelga estalló dando la oportunidad a la guardia civil para asesinar a 39 obreros en Sevilla y cerca de 100 en la provincia. Vallina tuvo que ser liberado tres meses más tarde. Retirado de sus actividades militantes en Almadén (Ciudad Real), se reveló como el líder  indiscutido del movimiento obrero del lugar, e hizo adelantar la revolución a principios del mes de junio de 1936. En esta fecha y como producto de un enfrentamiento entre la dirección de las minas y los obreros, éstos se apoderaron de las instalaciones después de haber expulsado a los consejeros municipales reaccionarios de la ciudad.

           La situación se mantenía el 19 de julio y los mineros formaron milicias para ayudar a luchar contra el levantamiento. El final de la guerra le llevó a Francia donde intervino en la vida organizativa de la confederación. Ulteriormente se trasladó a la República Dominicana y a México, donde mostró un gran interés por las comunidades indígenas a las que ayudó como médico. Sus notables Memorias fueron publicadas en dos tomos en Caracas (1968) y en México (Tierra y libertad, 1971; existe una coedición reciente efectuada por Libre Pensamiento y el Centro Andaluz del Libro). Ni que decir tienen, constituyen un testimonio de primera magnitud para reconstruir la historia del anarquismo en Andalucía. 

           Otro dirigente libertario andaluz de solera  fue Juan Gallego Crespo (Torreperegil, Jaén, 1885-México 1974) que militó desde muy joven en distintas organizaciones afines en Andalucía. Fue muy conocido a principios del siglo XX por sus actividades en mítines, conferencias y contribuciones periodística. Realizó numerosos viajes a lo largo y ancho de Andalucía como agitador libertario; en 1911 tuvo que huir de Bujalance, perseguido per repartir propaganda antimilitarista en los cuarteles; en Córdoba colaboró intensamente en el Centro Obrero; en de Sevilla fundó (1918) y animó Acción Solidaria; ulteriormente se estableció en Valencia desde donde desarrolló una importante actividad en el comité Regional de Levante, colaborando muy activamente en la Solidaridad Obrera de Valencia (para la que fue llegó a ser propuesto como director); representó diversos sindicatos valencianos, por ejemplo, la sociedad El Obrero Instructor de Soneixa, en el congreso de la CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid el 1919; también toma parte en el congreso fundacional de la FAI a Valencia (1927); escribió en La Revista Blanca y El Luchador; siguió activo durante la República, fue redactor de Fragua Social de Valencia, al final de la guerra era el responsable del comité Regional de la CNT-Centro, y representó la zona en las reuniones del ML; internado en el campo de concentración de Albatera, consiguió escapar a Francia, formando parte del consejo del ML hasta que se trasladó a México donde falleció.              

          Aunque fue mucho más popular en Cataluña que en Andalucia, en este cuadro no se puede olvidar a Antonio García Birlán (apodado) como Dionisios, destacado periodista y activo publicista obrero (Fuentevaqueros, Granada, 1891-Barcelona, 1984) que dejó al fallecer más de cien títulos inéditos. Maestro de una escuela obrera en Castro del Río, alrededor de 1915 comienza a ser conocido gracias a su papel de redactor y director de la Revista Nueva (1925), Mañana (1930, ambas en Barcelona), y por sus relaciones con el grupo que edita Tierra y libertad, que dirigirá más tarde, lo mismo que Solidaridad Obrera; también escribe en Estudios. Militante de la CNT, en plena Dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los componentes del Comité Nacional clandestina, y durante los años 1927-1928, mientras residía en Mataró, al lado de Joan Peiró que era su secretario. A finales de 1928 se incorporó al grupo «Solidaridad», organizado para unir las diversas tendencias confederales. Miembro de la FAI, trabajó en las Ediciones Culturales Iberia, bajo el título de Aspectos sociales de la humanidad, publicó una serie de libros sobre las grandes corrientes ideológicas contemporáneas. En 1936 fue nombrado “conseller” de sanidad del gobierno de la Generalitat catalana en septiembre de 1936.

          Durante toda la guerra ejerció también como director de La Vanguardia de Barcelona incautada por la CNT. Fue uno de los encargados —junto con Federica y Santillán— por la CNT para solicitar a Azaña a finales del 1938 en nombre del comité peninsular de la FAI, para plantearle un cambio político radical y destituir a Negrín. En marzo de 1939, García Birlán formó parte del consejo general del Movimiento Libertario Español, y prosiguió, una vez en el exilio, su trayectoria de publicista; trabajó como corrector de texto en la Enciclopedia Larousse, muy estimada en los medios libertarios. Murió al regresar a España. De su trabajo editorial cabe registrar la preparación para Américalee de una serie de antologías de carácter didáctico: El amor y la amistad, la historia, Cultura y civilización, La libertad, Pueblos y razas, Ciencia y filosofía, El Estado, la patria y la nación, etc. Entre sus libros editados cabe reseñar: El anarquismo, sus doctrinas, sus objetivos; El sindicalismo, sus orígenes, sus tácticas, sus propósitos; ¡A la lucha!; Resultados de la guerra…Esta obra es solo una parte de la que realmente llegó a escribir, y en la necrólogica apàrecida en el País se decía que había dejado más de cien libros inéditos.   

          Más situado en un anarquismo más posibilista, destaca la recia personalidad de  Melchor  Rodríguez García (Sevilla, 1894-Madrid, 1972) cuyo nombre permanece vinculado a la Dirección General de Prisiones durante la guerra, se ha convertido en uno de los blasones humanistas del campo republicano. En su juventud quiso escapar de la miseria haciéndose torero hasta que se retiró, a comienzos de 1920, después de recibir al menos cuatro cogidas. Por esta fechas se le ubica en la sección de automóvil de la CNT sevillana, al lado de Paulino Diez y Manuel Pérez, en Madrid milita en sección de carroceros de la UGT. Forma parte del grupo ácrata «Los Libertos» e interviene intensamente en el Ateneo de Divulgación Social de la Corredera Baja, y luego en el de la calle de San Marcos. Detenido por la Dictadura tomó la cárcel como «una disciplina, como un período de estudio y de análisis personal».

         En 1927 es uno de los primeros adherentes a la recién surgida FAI. En 1931 colabora en La Tierra donde lleva una extensa campana contra Maura al que llama el de los 108 por el número de trabajadores asesinados durante su ministerio. En 1934 sobresale por su participación en la huelga general madrileña. El 5 de noviembre, en víspera de iniciarse el histórico sitio de Madrid, toma posesión de su cargo oficial. A partir de ese momento. Melchor trata de contrarrestar la ola de represalias y de malos tratos en las prisiones. El 9 de diciembre de 1936 se enfrenta a una muchedumbre que trata de asaltar la cárcel para vengar la salvaje actuación de la aviación franquista.

          Jugándose la vida, Melchor clama: «…Yo por mis ideas, he estado en la cárcel… Yo soy un trabajador como vosotros, un chapista a quien, por su desgracia, han dado este cargo. Pero, ¿os creéis que la revolución es para asesinar en la cárcel a unos pobres seres indefensos?». Fue el iniciador del canje de prisioneros de uno y otro bando y entre las personas vinculadas al franquismo que le deben la vida se cuentan personajes tan siniestros como Agustín Muñoz Grandes, que obtuvo la Cruz de Hierro nazi o el mísmiso Ramón Serrano Suñer (que luego no mostró la menor piedad con los republicanos que puso en manos de los nazis, y que ha fallecido reciéntemente sin haber pagado ni una multa por aparcamiento), amén de otros como el Dr. Gómez Ulla, el célebre portero Ricardo Zamora, Rafael Sánchez Mazas, Miguel Primo de Rivera, el general Valentín Galarza, etc. En marzo de 1937 se enfrenta a José Cazorla, que había sustituido a Santiago Carrillo al frente del Orden Público y que ya era un miembro destacado del PCE. Acusa a Carrillo de haber «resucitado los viejos métodos de los feroces de unos y otros; de tal manera que sometiendo a juicio a millares y millares de personas sensatas y de innegable lealtad al régimen antifascista, está deshonrando con su perniciosa labor al Gobierno de la República: y, por ende a la guerra y a la revolución que el pueblo está haciendo para transformar lo viejo, lo injusto, lo cruel, por métodos y procedimientos sanguinarios».

          Forma parte de la Junta de Casado y como concejal del Ayuntamiento de Madrid desde 1934 entrega la ciudad a los vencedores. Su actuación hace que el régimen franquista lo condene a 30 años en vez de la pena de muerte como se le aplicaría, por ejemplo, a Besteiro. En la posguerra fue uno de los ejes del Movimiento Libertario clandestino, detenido en 1946 y en 1947 y procesado el año siguiente acusado de introducir propaganda en la cárcel de Alcalá.  Melchor interviene cerca de algunas de los personajes a los que salvó para ayudar a muchos presos antifranquistas. En 1947 favoreció los trabajos de Enrique Marcos, en el momento secretario de la CNT clandestina. Ulteriormente, Melchor rechazó las tendencias colaboracionistas y se opuso a las actividades del «cincopuntismo» en 1965. Su entierro fue una verdadera manifestación de duelo popular. La perspectiva histórica confirmarían la validez de los métodos que encarnaba Rodríguez frente a otros como los que concitan el nombre de Paracuellos (Cf, Guillermo Cabanellas, El señorío del anarquista Melchor Rodriguez (Historia y vida, nº 84). 

          Especialmente sugestivia fue la trayectoria de Higinio Noja Ruiz (Nerva, Huelva,1896-Valencia, 1972). Militante, escritor y economista de formación autodidacta. Trabajó desde muy joven en las minas o­nubenses iniciándose tempranamente en el anarquismo; a los 21 años ya es un activista de prestigio en la comarca. Profesor y pedagogo racionalista, muestra un gran interés por economía. Famosas en este terreno serán su polémica con Isaac Puente y su intervención en el Congreso de Economía de Valencia durante la guerra civil. También es reconocido como orador, actuando en numerosas controversias públicas con los socialistas y desarrollando una ingente acción de propagandista. Su papel en la extensión del anarquismo en la campiña  cordobesa será -según Díaz del Moral- decisiva.  Noja era un anarquista que desconfíaba de los sindicatos, y que participa en la creación de la FÁI y en el pleno de 1932 en el que se le designa para la ponencia que debía dictaminar sobre el concepto del comunismo libertario.

         A finales de los años veinte se traslada a Valencia y a principios de la década siguiente trabaja como maestro racionalista en Alginet, una experiencia de escuela comunitaria que contará en su obra La Armonía, o la escuela en el campo (Alginet, 1923; reeditada por Virus, 1996, pref., y presentación de Marianne Enckell y Vicente Marti). En 1934 se encuentra en la capital levantina donde trabaja en  revista Estudios. Noja será también un prestigioso periodista y escritor en el medio anarcosindicalista --excelente, al gusto de Peirats--, como novelista trata de escribir una gran obra con  La que supo vivir su amor (1928), y  Un puente sobre el abismo (1931). Otras obras suyas serán: Por la enseñanza. Conferencia (1915); La palanca de Arquímedes (1923), Comunismo (1925), Los galeotes del amor (1927), Como el caballo de Atila (1931), El sendero luminoso y  sangriento; La libertad  y la nueva construcción  española (1932). Hacia la nueva organización social (1933), La revolución actual española,  Labor constructiva en el campo, España: su lucha, sus ideales,  La obra constructiva de la revolución (1937). Mostró su admiración por el pacifismo en Gandhi, libertador de la India. También escribió Evolución y revolución, Los consejos de economía federal, La revolución española hacia una sociedad de trabajadores libres.

              

           Aunque escasamente conocido no podemos olvidar a Manuel Pérez Fernández (Osuna, Sevilla, 1887-Río de Janeiro, 1966)., destacado pero escasamente conocido anarquista que militó en Brasil y Andalucía. A principios del siglo XX estaba en Brasil. Carpintero de oficio, participó en las luchas socia]es de la época y se hizo anarquista. En 1918 era secretario de Alianza dos Trabalhadores y redactor de la revista Espartacus. Fue expulsado de Brasil en 1919. A su llegada a España fue encarcelado hasta que quedó en libertad en enero de 1920. Hasta la dictadura de Primo de Rivera actuó en Sevilla, en la redacción de Solidaridad Obrera y como contador del CN de la CNT trasladado a la capital andaluza en el verano de 1923. Desterrado, en 1924 y 1925 vivió en Portugal, y después, hasta 1928, en Francia. Durante estos años fue miembro del Comité de Relaciones Internacional Anarquista y redactor y director de Tiempos Nuevos.

          En 1928 retornó a España y, de nuevo en Sevilla, trabajó en las obras de la Exposición iberoamericana. Definitivamente en España desde 1931, se dedicó a la reorganización de los sindicatos cenetistas en diversos lugares: San Sebastián, Canarias, Zaragoza, Cádiz y Barcelona. Cuando estalló la sublevación militar de 1936, logró salir de Mallorca. Hasta la derrota perteneció a diversos organismos confederales y dirigió el periódico Ruta. Preso en el campo de concentración de Albatera, fue liberado en 1941 por las presiones del consulado brasileño. Volvió al Brasil y se asentó en Río de Janeiro donde continuó con la defensa de sus idea]es. Dejó su testimonio en: 30 años de lucha. Mi actuación como militante de la CNT, texto mecanografiado, Río de Janeiro, 1951.

           Más conocido y al mismo tiempo admirado (y controvertido por su “trentismo”) sería  Antonio Rosado López, (Morón de la Frontera, Sevilla, 1889—Barcelona, 1976), «…en él se conjugan una serie de cualidades humanas de bondad y de verdad, que son transparencia de una vida vivida con dignidad en las más duras adversidades» (Antonio-Miguel Bernal). Su vida puede ser dividida en cuatro apartados. 1) Nacido en una familia extremadamente pobre, hijo de analfabetos, conoce desde los 9 años la dura ley del trabajo agrícola, lo que no es obstáculo para que, con una voluntad sin desmayo, consiga una valiosa formación que le harán destacar como militante. Hacia 1912 ingresa en el PSOE, pero las relaciones con López Galera y con la prensa anarquista lo llevan en 1915 al sindicalismo revolucionario. Sobresale como organizador sindical en la comarca y en 1916 crea el grupo anarquista «Alba Social» a través del cuál intervendrá llegando a ser secretario general de la federación andaluza de grupos anarquistas en 1919, manteniendo un importante debate con Sánchez Rosas en el que Rosado enfatiza la necesidad de la organización y el trabajo sindical frente al propagandismo ácrata.

         Su actividad como publicista le acarrea un consejo de guerra por injurias al ejército y es condenado por dos años, que se niega a cumplir huyendo de la persecución para acabar en Canaria y finalmente en Argentina (1922-24). Es encarcelado en Cádiz para salir con la amnistía de 1926 continuando su lucha contra la Dictadura. 2) Durante la II República detenta el secretariado del sindicato campesino del partido judicial de Morón donde, en consideración a la enfermedad que sufre, se acuerda dedicarlo a actividad sindicales pagadas, como tal recorre la comarca organizando sindicatos para la CNT en Arriate, Montejaque, Olvera, Alcalá de Guadaira, Algodonales, Grazalema; elegido miembro del Comité Regional andaluz en 1932, es encarcelado en 1933 y participa en el Congreso de Zaragoza en el que elabora una ponencia sobre la cuestión agraria. 3) Esta es posiblemente su etapa más significativa.

          El alzamiento militar-fascista le sorprende en Cantillana, consiguiendo llegar a Madrid para trasladarse a Málaga donde se encarga de todo lo relacionado con la economía agraria, siendo secretario general de la Federación Regional de Campesinos de Andalucía y, como tal, responsable de la experiencia colectivista en sur, siendo el hombre más relacionado con su implantación, organización y control. Recorre Almería, Alcoy, Játiva, Baza y 0beda en sus tareas. 4) Al finalizar la guerra camina errante por el campo hasta que es detenido en El Arahal (Sevilla). Es excarcelado y abandona la militancia, rechazando toda posibilidad de colaboración con el sindicato vertical y el «cincopuntismo», intentando mantener la dignidad personal en su propio pueblo a pesar de toda la represión. Emigra a Barcelona siguiendo el paso de sus hijos. Editorial Crítica ha publicado Tierra Libertad. Memorias de un campesino anarcosindicalista andaluz (Barcelona, 1979, con prólogo de Bernal) que se presenta como «testimonio directo de las colectivizaciones» así como un “homenaje póstumo” a su autor y a tantos otros campesinos que lucharon por la libertad y la dignidad del hombre, héroes anónimos de los combates cotidianos, ausentes de las páginas de la historia académica que están llenas con los nombres de los reyes». 

           Otro andaluz emigrado fue Salvador  Carrillo, maestro y periodista libertario (Mojácar, Almería, 1900-¿1991). Siendo muy joven se fue a vivir a la capital valenciana. Se hace anarquista a finales desde 1919. Durante la Dictadura de Primo de Rivera vivió durante algún tiempo en Melilla y Oran. Trabajó especialmente como profesor en una escuela racionalista y luego como periodista. Durante la República destacará como corresponsal de los diarios CNT y Solidaridad Obrera de Barcelona; fue también redactor de Fragua Social; director de Nosotros y colaborador de La Revista Blanca, muchos de sus artículos estaban dedicados a la temática pedagógica y cultural, también publicó dos títulos en la colección La Novela Ideal: Amor sin trabas y La cosecha, sus encantos y sus dolores. Miembro de la FAI, defendió en muchos mítines las decisiones del Pleno de esta organización celebrado en Valencia el 1937, su participación de la federación en la política republicana y en partido político, y finalmente sería nombrado secretario de su comité regional valenciano. En el exilio colabora en diversas publicaciones libertarias como Ruta de Caracas (donde escribe un minucioso retrato de Valeriano Orobón Fernández, del que fue bastante amigo) o en Cenit, editada en Toulouse. 

           Una de las principales figuras del anarcosindicalismo andaluz de los años treinta fue sin lugar a dudas Vicente Ballester Tinoco, (Cádiz, 1903-Id.1936). Participó siendo todavía un joven, en el grupo de Salvochea. Su formación debía menos a las luchas que a los debates ideológicos, que se desarrollaban en los escasos periódicos anarquistas tolerados por Primo de Rivera. Se dio a conocer lo suficiente como para que, en los tiempos inmediatamente posteriores a la dictadura, la policía lo considerase un hombre a vigilar.  Esto sucedía poco después de la conferencia regional andaluza en los días 19 a 22 de septiembre de 1930, que había significado la reaparición pública de la CNT en Andalucía. En su nombre y en calidad de delegado del sindicato de la Madera de Cádiz, Ballester participaría en el congreso del Conservatorio a fines del trienio, tuvo que tomar partido en el dilema que dividía a los anarquistas andaluces. Junto a Antonio Rosado había opinado que un militante debía ocupar su puesto en el seno de la organización sindical, ejerciendo responsabilidades hasta el más alto nivel y aceptando incluso una función retribuida, aunque poco antes se había mostrado reticente en aceptar la dirección de la Regional andaluza.

          Esta concepción acabaría por imponerse y quedar codificada en el congreso de marzo de 1933, a iniciativa de la comisión encargada de informar sobre la «estructura del comité regional», de la que formaba parte Rosado. Éste fue de los que relacionaron el principio de la remuneración con el nombre del candidato,122 o sea Ballester. Incluso los militantes de Barcelona vieron en él, a principios del año crucial de 1936, a un posible secretario general de la CNT. Pero no sucedió nada de eso. Ballester no se situó a la cabeza del comité nacional, transferido a Madrid después del congreso extraordinario de mayo de 1936. Ballester vio confirmadas sus funciones como secretario general de la Regional andaluza con una mayoría aplastante (261 votos de 285), a fines de marzo de 1933. Murió en su tierra, sumariamente ejecutado, víctima de una denuncia,

           De estirpe emigrante fue iguaolmente Antonio Bonilla Albadalejo (provincia de Almería 1909-Zaragoza 1981), inquieto sindicalista que diversificó  geográficamente su activismo.. Desterrado inicialmente de su tierra natal, llegó al Bergueda a final de los años diez, trabajando en la fabrica Asensio, «el Canal», a Berga, y se convirtió en uno de los animadores de la CNT. Más tarde permanecerá en Murcia, y al final de la Dictadura de Primo de Rivera, aparece como afiliado al Sindicato de Productos Químicos de Barcelona.  Después de ser despedido de la casa Tussell en el  Poblenou por una huelga general animada por la confederación, trabajaría de ladrillero en la bovila del barrio de la Salud, en Badalona. Llevaba  tres años en la cárcel Modelo de Barcelona cuando fue liberado por la revolución el 20 de julio de 1936. Se incorpora a las milicias que marchan  al frente de Aragón. Durruti, con el que tenía amistad de tiempo atrás, le responsabiliza de un sector de los blindados de su columna; Bonilla se hizo popular conduciendo el famoso vehículo blindado llamado “King Kong”.

           En noviembre de 1936 era uno de los componente de la columna en el frente de Madrid. Fue el que informó a Durruti de Ia situación en la ciudad universitaria, y estuvo entre los presentes en el momento de la muerte del legendario dirigente anarquista. Bonilla se negó a colaborar con el general Miaja, por lo que marchó al  frente de Aragón al frente, junto con Ricardo Rionda, de Ia antigua columna Durruti. El exilio le llevó, primero a la República Dominicana y luego al Ecuador, desde donde siguió manteniendo relaciones organizativas con la militancia cenetista dispersa a lo ancho de América Latina. De nuevo en España desde 1973, se instaló en el barrio del Torrero de Zaragoza, y contribuyó, ocupando diversos cargos de responsabilidad, en la recomposición de la CNT en la capital aragonesa.

            En la resistencia libertaria contra la dictadura destacan entre otros,  

       1) Calero Santana, fundador la Federación de JJLL en Málaga (Adra, Málaga,1912-1939), recorre la provincia como vendedor ambulante y propagador de la idea anarquista. Durante la guerra prepara una columna para dirigirla contra Granada, la cual será dispersada por la aviación nacional. En Málaga es muy activo y funda el semanario Faro. Pasó a la redacción barcelonesa de Ruta al perderse la ciudad meridional, retornó al sur en la 147ª Brigada de Maroto y funda la revista Nervio. Se enfrentó violentamente a García Oliver, ya que se mostró contrario a la participación gubernamental y se alistó en la guerrilla de la sierra en marzo del 1939 junto con Millán, Lozano y varios anarcosindicalistas más. Acabó acosado y detenido en la provincia de Almería, donde fue asesinado ese mismo año;  

       2) Cristóbal Vega Álvarez, escritor y militante, estudió telegrafía y desde su juventud se sintió inclinado por el periodismo, como militante destacó en los grupos de acción (Jerez de la Frontera, 1914). Su «curriculum» como periodista se reparte a través de Ráfaga —semanario satírico malagueño—, La Voz del campesino, Solidaridad Obrera, CNT y La protesta (Algeciras). Vega militó en los grupos específicos anarquistas y fue encarcelado en 1933 por su relación con los acontecimientos de Casas Viejas, y ulteriormente con los del Octubre asturiano de 1934. Amnistiado con la victoria del Frente Popular, la sublevación le cogió en Utrera (Sevilla). Al final de la contienda fue aprisionado y pasó por las cárceles de Ávila, Astorga, San Sebastián y Guipúzcoa hasta que fue liberado en 1943. Se encuentra en Pau y Tolouse un año después pero decepcionado del ambiente del exilio decide luchar como guerrillero. Cae en 1946 en Navarra y se mantiene en prisión hasta1963; durante la estancia es castigado por ser responsable de la edición del periódico Combate hecho en las mazmorras.

          Una vez libre se gana la vida escribiendo novelas de consumo (policíacas, del oeste), con el seudónimo de V. Wheg Zhe y reside en varios lugares de Andalucía. «Tan dura vida de militante libertario ha ido acompañada de una intensa afición por la literatura —especialmente la lírica— habiendo publicado numerosos libros de una calidad superior a lo que es norma en los medios anarquistas, en los que están patentes sus afinidades con Bécquer y García Lorca. Soñador del anarquismo y la libertad, sustenta que el ideal libertario sólo es posible a través de la cultura y el pensamiento: la revolución debe darse primero en la inteligencia y luego en las barricadas…» (Iñiguez). Colaborador habitual en la prensa libertaria; entre sus obras publicadas se encuentran: Las dos locuras de España (1949), Ruta de estrellas (1950), Senda de Quijotes (1951), Surcos de luz y sombras (1953), Rueca de fantasía, y García Lorca (1954); Psiquis y el camino (1955); Mensaje poético (1956); Reportaje lírico (1953), Sed (1959), El barco varado (1960), Canción de arena y sal (1964), Por las riberas del Tinto, y Paso a paso (1969), así como la trilogía formada por Cantos de paz y esperanza, que comprende 1. Pueblo en cruz, 2. Caminos locos, y 3. Armas del futuro (Málaga, 1977,1979, 1980)…

   

         3) Cipriano Damiano, (Comares, Málaga, 1916-Sabadell, 1986).  Conoció «la tragedia de la derrota en Málaga, cuando tenía diecinueve años escasos, seis de militancia, tres de cárcel y había sido detenido en cuatro ocasiones. Participó en la terrible huida de Málaga, estuvo en el puerto de Alicante y en los campos de concentración de los Almendros, de Albatera —en la provincia de Alicante—, en Porta Coeli, en Valencia, y en el castillo de Gardeny, en Lleida (…) También permaneció enrolado en los “batallones de trabajo”, en un largo peregrinaje desde Lleida a Ivars d’Urgell, de allí al Pinar de Antequera, en Valladolid, para terminar en Tudela de Duero…». Cofundador de Faro (1936) y de Nervio (periódico de la 127ª Brigada). Su mayor popularidad le viene por sus actividades contra la dictadura franquista. Fue vicesecretario del CN confederal en 1949 y secretario en 1951, siendo detenido en 1953 y condenado a 15 años de cárcel; la policía llegó a maltratar a su compañera Angelita —de la que dirá que tiene los ojos secos de tanto llorar por mí e inválida a consecuencia del desgarro producido por sus actividades— delante de su hijo de cinco años.

         Cuando salió emigró a Francia para regresar de nuevo a la acción clandestina; trató «de poner en pie una organización obrera de nuevo cuño —la Alianza Sindical Obrera— que arriaba las siglas clásicas del sindicalismo revolucionario. Su fracaso, en el que concurrieron lo suyo los cenetistas históricos radicados en Francia, puede haber favorecido la expansión de Comisiones Obreras» (Peirats). Detenido en 1970 no fue encarcelado hasta 1973. Durante su trayectoria militante utilizó diversos seudónimos como el Niño, Cigadón, Paco, Antonio González, y conoció prisiones en Barcelona, Madrid, Segovia, Málaga, Guadalajara y Jaén. En el posfranquismo coopera con la CNT resurgida y se orienta en contra de la línea «ortodoxa». Damiano es autor —con la colaboración Carlos E. Bayo Falcón— de La resistencia libertaria, 1939-1970 (Bruguera, Barcelona, 1978), que debe mucho al libro de «Juanel» sobre el mismo tema, y naturalmente, a sus propias vicisitudes.

       

          4) José Expósito Leiva, activista anarquista andaluz (Úbeda, Jaén, 1918-Venezuela 1978), comenzó a militar de muy joven en la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias, de la que sería nombrado secretario de propaganda en febrero de 1937. Detenido en Alicante con la derrota final en abril de 1939, fue condenado a muerte en Madrid el 29 de febrero de 1940, pero gracias a su juventud, esta pena le fue conmutada por la de treinta años, permaneciendo en prisión hasta 1943, saliendo en libertad provisional. Desde octubre de 1944 hasta septiembre de 1945 fue miembro activo del CN de la CNT en nombre del cual tomó parte del Comité Nacional de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, y en septiembre de 1945 sería elegido para representar la CNT en el gobierno republicano constituido en exilio mexicano y presidido por José Giral, en el que ocupa el ministerio de Agricultura.

           Desde Cataluña, dirigió a los comités nacionales de la CNT y de la FIJL del resto del Estado un alegato titulado Informe general de actividad que presenta José E. Leiva desde su llegada a Francia hasta la fecha que se consigna al final de este documento (1946), a continuación presenta su dimisión de gobierno republicano cuando el llamado «gobierno de la esperanza» entra en crisis a consecuencia de la frustración provocada por las resoluciones cómplices que la o­nU tomó sobre el régimen franquista. Dejó su veraz testimonio sobre sus peripecias en las prisiones de Alicante, Santa Bárbara, Santa Engracia y Pamplona al acabar la guerra, en su libro En nombre de Dios, de España y de Franco. Memorias de un condenado a muerte (Buenos Aires 1948). Se instaló definitivamente en Venezuela, donde trabajó como corresponsal de la Agencia France Presse. 

         5. Antonio Raya González, anarcosindicalista granadino, destacado «maquis» contra Franco. Murió en 1942 en una emboscada en un bar de la calle Marina, de su ciudad natal donde es cosido a balazos. Con Bernabé López Calle, había sido uno de los guerrilleros más audaces de Andalucía. Con la caída de los frentes, Raya se internó en la Sierra. Con frecuencia actuaba también en las ciudades, disfrazado de legionario o de cura. Antes de los 15 años ya pertenecía a las filas libertarias del Sindicato de la Metalurgia. Había participado en los movimientos insurreccionales de enero y diciembre de 1933. Durante la guerra llevó su propia columna, participó en los combates de Málaga y Extremadura. En la posguerra bajaba de la Sierra y paseaba por las calles de las ciudades andaluzas e incluso por Madrid. Un día, al anochecer, penetró en el café de la calle Larios de Málaga y fríamente, ante los presentes, mató a los que habían dado muerte a su madre y huyó en un coche que le esperaba con el motor en marcha.

          

           En este brevísima lista no se puede olvidar otro emigrante como Abel Paz,  (apodo) de Diego Camacho, activista y escritor anarquista afincando en Barcelona de larga trayectoria (Almería, 1929). Hijo de padres campesinos, emigra con su familia a Barcelona en 1929.  Entre 1932 y 1935 asiste a la escuela racionalista «Natura», en la barriada del Clot, un auténtico «vivero» libertario; junto con su amigo Federico Arcos una revista de adolescencia, Los Quijotes del Ideal. En 1935 comienza a trabajar como aprendiz en una fábrica textil y se afilia a la CNT y a las JJLL.

         Combatiente en los acontecimientos barceloneses de mayo del 37, manteniendo desde entonces una posición crítica hacia el movimiento al que pertenece. Después de su paso por los campos de concentración franceses junto con sus amigos Arcos, Lliberto Sarrau, Pere Casajuana, Raúl Carballeira y Germinal Gracia decide pasar a España para luchar en la clandestinidad. En 1942 se integró en la guerrilla anarquista contra el régimen militar-fascista. Fue detenido en diciembre del mismo año y encarcelado durante diez años. Retorna a Francia hasta que en 1977 vuelve a España de nuevo para desplegar una enorme actividad como historiador y propagandista, y manteniéndose al margen del conflicto entre cenetistas y cegetistas. Como articulista ha escrito en numerosas revistas y periódicos anarquistas.

         Su obra más conocida es la documentada biografía de Durruti, El proletariado en armas (Bruguera, Barcelona, 1978; reeditado en 1996 por la Fundación Anselmo Lorenzo) un trabajo extenso y minucioso que ha sido traducido a innumerables idiomas. Dolors Marin lo define como un «luchador anarquista, historiador honesto y autodidacta (que) no duda en tomar las tribunas obreras de sindicatos y ateneos para polemizar con los más jóvenes. Es un testimonio vivo de aquellos clandestinos que despreciando el exilio cómodo acuden a su país a combatir la injusticia»; Paz también es coautor del guión del film sobre Durruti, de Paco Madrid. Otras obras suyas son: España, paradigma de una revolución.19 de julio de1936 (Ed. AIT, Tolouse, prefacio de Federica Montseny), CNT (1939-1951), prefacio de F. Montseny, Editorial Hacer, BCN,1982), Crónicas de la Columna de Hierro (Editorial Hacer, 1985; reeditado por Virus, BCN, 2001).

          Otras obras suyas son: De la Alianza Socialista Revolucionaria a la Federación Anarquista Ibérica (Contribución a la historia del anarquismo en España): Marx y Bakunin, o los conflictos de la Internacional en España (1868-1872), Del Congreso de Córdoba (1872) a la conferencia anarquista de Valencia (1927); La cuestión marroquí y la República española (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2000), y que recomiendo fervientemente porque trata uno de los aspectos menos estudiados de la guerra civil. Su autobiografía en cuatro volúmenes, Al pie del muro, Entre la niebla, Chumberas y alacranes, y Viaje al pasado (1936-1939 ), ésta última han sido editados por la fundación Anselmo Lorenzo (Madrid, 2002). En el libro de JL. Martin Ramos&Gabriel Pernau, Les veus de la presó. Histories viscudas por 36 lluitadors antifranquistes (Edhasa/La Campana, BCN, 2003), le dedica uno de sus apartados. 

            Entre las mujeres, la anarquista andaluza más célebre es sin duda María Cruz Silva, más conocida como «La Libertaria» tenía 18 años cuando vivió en primera fila los sangrientos hechos en el pueblo de Casas Viejas, un nombre tan trágico que ha pasado a llamarse Benalup sobre el que el mejor Rafael J. Sender escribió un impresionante testimonio. Una compañera suya, Manuela Lago, con la que María había formado parte del grupo «Las Líbertarias», fue baleada cuando salía con la ropa ardiendo de una de las chozas sitiada por la soldadesca. Ambas habían vivido la breve experiencia de «comunismo libertario» en la zona y en la que según María las mujeres «iban en grupos cantando himnos revolucionarios. Durante los días en que se vivió el nuevo régimen, un alboroto irradiaba en todos los rostros de aquellas campesinas». En julio de 1936, María vivía en unión libre con su compañero Miguel Pérez en Ronda. Él se refugió en la sierra cuando entraron las tropas fascistas. Ella que permaneció cuidando un niño de pocos meses, hasta fue detenida, torturada y brutalmente asesinada por las tropas franquistas. La poeta y animadora de Mujeres Libres, Mª Luisa Sánchez Saornil puso su nombre, Maria Cruz Silva, a uno de sus poemas más celebrado de la época, mientras que Federica Montseny le dedicó una de sus novelita didácticas a la que puso como título su ya emblemático nombre Maria Silva.

         Y seguro que se han quedado muchos y muchas en el tintero.



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