
La tercera y última etapa de la Vuelta a Valladolid respondió a las grandes expectativas que siempre despierta la etapa reina de cualquier competición ciclista. Los cinco altos de montaña puntuables y los importantes y complicados repechos de la subida a Portillo comenzaron a marcar las primeras diferencias. Batalla y más batalla, lo que requiere el deporte en estado puro y con los ciclistas a pecho descubierto lanzados hacia la victoria.
Los equipos Camargo, Seguros Bilbao, Café Baqué y Supermercados Froiz desataron los primeros ataques en busca de un continuo desgaste hacia el Lokomotiv y el líder Kaikov. Sin embargo, quizá como homenaje a las recientes buenas relaciones entre Bush y Putin, el equipo ruso encontró un insospechado aliado en la selección norteamericana.
Pese a la alianza entre los dos equipos extranjeros, los escapados fueron adquiriendo un tiempo que siempre estuvo rondando el minuto de diferencia, tras los sucesivos pasos en alto por La Parrilla, Montemayor y Aldealbar.
En el duro repecho de Olivares, Parra y Gutiérrez se lanzaron a un ataque sin cuartel intuyendo que ahí se decidiría la carrera y el triunfo final. El Lokomotiv tiraba a bloque desde el pelotón rebajando cinco segundos por kilómetros y dejando la victoria final en un cara o cruz de apenas unos segundos.
Para los españoles la moneda fue desfavorable en ese tramo final, cuando todo parecía indicar que les favorecería. En la mismísima recta de meta, donde ganó David Gutiérrez, el ruso Kaykov logró remontar y llevarse la Vuelta por apenas cinco segundos.





