El Gobierno, en una insólita maniobra, ha adjudicado dos proyectos de trazado y construcción del tramo más polémico de la futura Autovía del Duero, el que une Quintanilla y Tudela de Duero. Los planes de la administración chocaron en su día con los intereses de los bodegueros y aún está por decidir el trazado de la A-11. El PP decidió hace ya cinco años por dónde debía pasar la autovía, pero el cambio del Ejecutivo central supuso la no asunción de la alternativa ‘popular’, y a la postre, una dilación sin justificación alguna en la puesta en marcha del proyecto. Las adjudicaciones aprobadas ayer retrasarán aún más la obra, según la Junta de Castilla y León. El consejero de Fomento, Antonio Silván, cifraba en 18 meses el tiempo mínimo que se perderá mientras se decide el trazado definitivo. Es fundamental que se solucionen los problemas que durante años se arrastran en el tramo citado, pero no es menos importante que el resto de las obras de la autovía comiencen de una vez. En lo que respecta a Soria, hay dos tramos adjudicados en los que aún no se han visto máquinas, y en otros se está a la espera de resolver la licitación. No por repetido es menos inconcebible que entre Soria y Valladolid aún no exista una conexión por vía rápida y que la puesta en marcha de esta imprescindible infraestructura transcurra con la desesperada lentitud con la que lo hace. Esta autovía se está convirtiendo en la de la vergüenza.