
Imagen de 'la gran familia' de Buenaventura y Ramona.
VALLADOLID.- Muy pocos son los matrimonios que consiguen llegar a las ansiadas bodas de platino y, bastantes menos, los que son capaces de hacerlo mostrando su amor a cada momento, como Buenaventura Rodríguez Gañán y Ramona Sobradillo Primo, quienes han logrado acabar 2008 celebrando tantos años de unión (el pasado mes de octubre) en su residencia vallisoletana de Tudela de Duero.

Buenaventura y Ramona.
Los dos mantienen un envidiable estado de salud para su edad (97 años él y 95 años ella) y sólo muestran pequeñas pérdidas de la vista y el oído, que los años les han dejado. Ambos nacieron en la localidad vallisoletana de Adalia, él en 1911 y ella en 1913. En el mismo municipio de su nacimiento vivieron su infancia y juventud, y también allí se hicieron novios y tras dos años de noviazgo se casaron. Según destaca una de su hijas, "ninguno de los dos había tenido otros noviazgos".
Los primeros momentos del matrimonio no fueron fáciles a causa de la inestabilidad política y de la Guerra Civil, que tuvo apartado a Buenaventura de su esposa y de sus tres primeros hijos, durante tres largos años. Al finalizar la contienda, el esposo volvió a casa y siguiendo la profesión de su padre, se puso a trabajar de pastor, oficio que ha terminado siendo el único que ejerció en su vida. Tras vivir algún tiempo en Adalia, Buenaventura trabajó como pastor en otras localidades como Arroyo de la Encomienda y San Cebrián de Mazote, donde estuvo catorce años, hasta que en el año 1954 fijó definitivamente su residencia en Tudela de Duero.
A los tres hijos que había tenido el matrimonio antes de la Guerra Civil española, dos varones y una mujer, se fueron uniendo luego otros, hasta llegar a los nueve vástagos. En los meses que el matrimonio residió en Arroyo nacieron dos gemelas, en San Cebrián otras tres mujeres y, finalmente, en Tudela nació el último hijo, que sería varón.
Actualmente, Buenaventura y Ramona tiene una descendencia de nueve hijos (el mayor tiene 74 años y el menor 53), 21 nietos y 19 biznietos. Si les sigue saliendo todo bien, es muy posible que lleguen a conocer la dicha de ser tatarabuelos, "por que Tamara, su nieta mayor, tiene previsto casarse en 2010", según anuncia una de las hijas gemelas. También resalta que sus padres conservan vivos a todos los descenciendes que han visto nacer.
Los dos miembros del longevo matrimonio viven actualmente con el segundo de sus hijos, casualmente el único que no llegó a casarse, atendidos los tres por las hijas que residen en Tudela, especialmente por las dos gemelas. Además, es raro que pase algún día sin que el matrimonio no tenga visitas de sus nietos o biznietos, a los que Buenaventura le gusta contar las penurias y vivencias que pasó durante la guerra.
Sus descendientes se encuentran repartidos principalmente en Tudela de Duero, donde residen los tres hijos varones y tres de las mujeres, y en Bilbao, donde viven las otras tres hijas.

Antigua fotografía familiar.
Buenaventura ha destacado siempre por ser un hombre entregado a su familia y a su trabajo, mientras que su esposa Ramona se ha ganado el prestigio familiar y vecinal por su afición a coser, según aseguran sus hijos. "A mi padre le han gustado poco los bares y lo suyo ha sido siempre el campo y la casa", según manifiesta uno de ellos. Otra cosa de la que ha huido siempre el esposo del longevo matrimonio han sido las fiestas y las celebraciones, motivo por el que sus descendientes no han logrado convencerle para hacer una gran fiesta familiar, con motivo de sus bodas de platino.
En cambio, no se perdía nunca los toros, a los que siempre fue un gran aficionado. Aunque parece que nunca quiso inculcar esta afición en sus descendientes, según destaca un nieto que lo explica mediante una anécdota: "Un día yo le di un corte con el paraguas a uno de los toros del encierro y al buscar refugio en las talanqueras, me encontré con mi abuelo que me estaba esperando y me recibió con un 'cachabazo'". A pesar de ello, Buenaventura ha tenido que soportar el conocer que uno de sus biznietos, Saúl Martín del Amo, sea conocido en la actualidad como uno de los cortadores de toros más destacados de Valladolid. Sin embargo, ninguno de sus descendientes le ha seguido en el oficio de pastor.
Otra de las cosas que coinciden en destacar sus hijos es el cariño que siempre han demostrado tenerse. Y es que Buenaventura y Ramona habrán tenido sus cosas, como sucede en todos los matrimonios, "pero nunca les hemos visto enfadados y aún se quieren con locura, se besan y se abrazan y están siempre cogidos de la mano", asegura una de sus hijas.
Su andadura matrimonial puede resumirse en sus 75 años de amor y los tres que les separó la guerra y que Buenaventura se ha pasado rememorando los tres cuartos de siglo últimos de su vida a sus hijos, nietos y biznietos.
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