Viernes, 2 de febrero de 2007
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LEÓN

LA RED, SEGÚN EL FISCAL
Simpáticos, maqueados y con buenos modales«A Monchín le horroriza la droga»
Una amiga del líder del clan defiende su inocencia y se desmarca de la negativa a declarar de los principales encausados para dibujar una familia normal dedicada a vender turismos La defensa evita que los supuestos jefes de la red hablen y se la juega a anular las escuchas
Simpáticos, maqueados  y con buenos modales«A Monchín le horroriza la droga»
A la derecha, guardias civiles custodian a los cinco 'monchines' en los tres primeros bancos. A la izquierda, los otros siete acusados -todos ellos en libertad- al comienzo de la vista ayer en la Audiencia. / HENAR SASTRE
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Ángel Echevarría, 'Gele'

Proveedor de la droga (cocaína y heroína) que 'los Monchines' compraban en Madrid y que era entregada siempre por medio de terceras personas.Joaquín E., 'Joaqui'

Hermano del anterior y sospechoso de suministrar junto a este la droga al por mayor que el clan distribuía en Valladolid y vendía al exterior.Miguel Romero, 'Monchín'

Líder del clan y encargado de comprar cocaína y heroína.Salvador R., 'Negro'

Mano derecha de su hermano Miguel en la compra-venta.Mª Concepción, 'Maruja'

Encargada de vender las dosis en el gueto de La Esperanza.Vicente Ramírez, 'Jalero'

Marido de la anterior y vendedor junto a esta de la droga.Rosario Gabarri, 'Sario'

Mujer de Miguel y encargada de recibir encargos de compradores.Francisco G., 'Rebusca'

'Lacorrillo' o colaborador del líder del clan dedicado a recoger o pagar partidas de droga.Rosario S., 'Sario'

Distribuía dosis de heroína y cocaína desde su propia casa de Tudela de Duero.Eduardo Giménez, 'Maradona'

Compraba droga en Valladolid para venderla en su ciudad.Asunción Giménez

Mujer del anterior y vendedora de las dosis en Zaragoza.Miguel Gabarre Martínez

'Lacorrillo' al servicio del matrimonio zaragozano. Se encargaba de trasportar la cocaína y heroína adquiridas en Valladolid hasta la capital del Ebro.LOS CINCO ACTUALMENTE EN PRISIÓN


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Bien vestidos, maqueados para la ocasión, con aspecto saludable y buenos modales fueron desfilando ayer uno tras otro los cinco 'monchines' que se sentaron en el banquillo de los acusados -los otros siete imputados están en libertad- de la Audiencia. Nada que ver con la tensión vivida en la primera jornada de la vista por blanqueo de dinero en la que fueron condenados a tres años y tres meses de cárcel hace cuatro años en el mismo escenario judicial.

Esposados y escoltados por un guardia civil por cabeza -los cinco cumplen condena en Villanubla por blanqueo-, los 'monchines' se deshicieron en carantoñas con sus familiares presentes en la sala e, incluso, el matrimonio formado por 'Jalero' y 'la Maruja' -no pueden verse en prisión- llegaron hasta los arrumacos.No solo no dirigía la red que durante más de una década manejó los hilos del narcotráfico desde el poblado de La Esperanza, en Valladolid, si no que ni siquiera vendía estupefacientes y, para colmo, al líder del clan, Miguel Romero Larralde, 'Monchín', «le horroriza la droga». El testimonio de una amiga del aludido, Rosario Sánchez, acusado de vender droga para él, dibujó ayer el retrato de una familia normal dedicada a la compra venta de coches de segunda mano a los que «nunca he visto vender drogas».

Sus palabras fueron de las pocas que pudieron escucharse ayer en la primera sesión del larguísimo juicio contra cinco monchines y siete supuestos colaboradores acusados de tráfico de estupefacientes después de que la estrategia de los abogados defensores evitara que los principales encausados llegaran siquiera a abrir la boca. «No voy a declarar, señoría», se limitaron a decir uno tras otro cuatro de los 'monchines', su subordinado 'Rebusca' y los dos hermanos madrileños sospechosos de proveer la mercancía.

Aplazado hasta el martes

Los letrados lanzaron así su órdago siguiendo una estrategia conjunta que busca jugarse todo a una carta. Esta no es otra que conseguir la nulidad de las escuchas telefónicas a los móviles del líder del clan con las que cuenta el fiscal como principal prueba de cargo contra los doce imputados.

La perseguida invalidez de los 'pinchazos' sobre los que se sustenta un complejo sumario elaborado durante siete años llevaría a la causa a desmoronarse como un castillo de naipes. La misión de la fiscal en las próximas sesiones -el juicio se reanudará el martes con las declaraciones de los primeros testigos- será demostrar que las claves utilizadas por 'Monchín' en sus conversaciones hacían alusión inequívoca a operaciones de droga.

El aperitivo de ayer solo sirvió por ahora para ver como los cinco acusados que 'decidieron' prestar declaración, y que se negaron a contestar a las preguntas de la acusación popular que ejerce la coordinadora de Pajarillos siguiendo las premisas de sus abogados, incurrieron en más de una contradicción al intentar desvincularse por todos los medios de la familia Romero Larralde. El caso más extremo fue el del zaragozano Eduardo Giménez, quien llegó a negar que le apodaran 'Maradona' -el alias aparece en las conversaciones telefónicas- e, incluso, que conozca a los 'monchines'.

-«¿Qué hacía entonces en la madrugada del 19 de enero del 2000 en una explanada junto al Pryca-2 parado junto al coche de 'Rebusca'?», inquirió la fiscal.

-«Paré para preguntar por el paseo de Extremadura porque allí vive una cuñada que iba a visitar con mi mujer», justificó Eduardo.

La casualidad quiso que fuera a detenerse a preguntar al 'lacorrillo (subordinado)' del clan vallisoletano al que la policía incautó al día siguiente en su casa dos kilos de cocaína y uno de heroína después de una conversación telefónica previa -él niega que sea su voz y su móvil- en la que 'Rebusca' quedaba con 'Maradona' y le decía que «mi tío me ha dicho que si lo paga a tres millones le dará dos furgonetas y un 'cochecico'».

-«¿No será que venía a comprar cocaína (furgonetas) y heroína ('cochecicos')?», siguió la fiscal.

-«Hombre, un coche, sí,...», contestó un zaragozano que argumentó que los cuatro millones de pesetas en metálico que llevaba encima su mujer eran «para comprar uno o varios coches porque sale más barato pagarlo en metálico porque así no pagas el IVA».

A la busca de un galgo

Eduardo fue más allá y negó ante la representante de la acusación pública que los dos teléfonos de un tal 'moncho' -ambos se correspondían con los intervenidos a Miguel Romero- que llevaba apuntados en una agenda los hubiera escrito él: «Esas anotaciones no son mías y ni Miguel ni 'Rebusca' me han llamado nunca porque les he conocido después en la cárcel».

Su mujer, Asunción Giménez, siguió la misma línea y destacó que «aquella noche nos perdimos y paramos a preguntar por la casa de mi hermana». Con ellos, pero en otro coche, viajaba desde la capital del Ebro Miguel Gabarre, cuya misión sobre el papel era la de 'lacorrillo' en las operaciones de la pareja a juicio de la policía.

El presunto subordinado alegó que viajó a Valladolid porque su amigo Eduardo le había dicho que venía y decidió acompañarle para comprar un galgo -ambos se conocen por su afición a la caza, explicaron-. Dicha transacción la iba a realizar en una ciudad que no había visitado nunca y en la que, según reconoció a preguntas de la fiscal, «no conozco a nadie».

La que sí confesó mantener una relación de amistad con el líder del clan de 'los Monchines' fue la vecina de Tudela de Duero. Rosario Sánchez negó que la apodaran 'Sario' -su supuesto alias de las conversaciones telefónicas- y afirmó primero que «no hablaba mucho por teléfono con él -en alusión a Miguel Romero-» para matizar después de leer sus declaraciones iniciales en el juzgado de instrucción que sí lo hacía pero que «nunca hablamos de drogas».

La presunta dueña de la 'sucursal' del clan en la localidad ribereña reconoció que entre 1999 y el 2000 visitó el poblado de La Esperanza para comprar estupefacientes -«nunca en la casa de Miguel ni conocía a sus familiares hasta que ingresé en prisión»- porque su marido (ya difunto) y dos hermanos (uno de ellos también fallecido) eran toxicómanos. El dinero para pagar su adicción salía de una «atracción de feria».

Tampoco «vendía droga» en su casa del desaparecido gueto de Pajarillos Vicente Ramírez, 'Jalero', y su mujer María Concepción Romero, 'la Maruja'. El primero fue el único 'monchín' que declaró ayer para reiterar, como ya hiciera la familia al completo en el juicio por blanqueo de dinero procedentes del narcotráfico celebrado hace cuatro años -todos fueron condenados-, que sus ingresos procedían de la compra venta de coches y de un premio de cinco millones de pesetas de la Once.

-«¿Me va a decir que ganó 483.000 pesetas en cuatro meses de vender coches a pesar de tener las cuentas intervenidas judicialmente?», preguntó la fiscal.

-«Es que si no tienes dinero en efectivo no puedes comprar coches y me dieron más de dos millones por una furgoneta que me incendiaron», razonó Vicente 'Jalero'.

Metida en un armario

El marido de 'la Maruja' olvidó que la policía hubiera encontrado restos de droga adheridos a una bolsa durante el último registro a su vivienda en el 2000 y recordó que si aquel día tardó en abrir a los agentes fue porque «escondí a mi mujer en un hueco del armario y la cubrí con tablas y mantas porque 'debía' catorce meses de prisión». Lo malo, prosiguió, «fue que al final sí que la encontraron».

En la célebre casa 42 del gueto de la zona alta de Pajarillos -donde los policías que declararon en el juicio celebrado en el 2003 llegaron a ver filas de toxicómanos comprando dosis y a 'la Maruja' vendiendo 'papelinas' y llenando una bañera con los billetes y las monedas- «nunca vi a nadie vender droga», sentenció 'Jalero'.

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