Los aficionados partieron al mediodía rumbo a La Rioja completando un recorrido de unos 45 kilómetros.
Los que tienen la fortuna de poseer una Harley aseguran que no la cambiarían por nada, que su magia es única, que el sonido es inconfundible y que pasear con ella por la carretera produce sensaciones muy placenteras. De todo ello, de sus experiencias a bordo de estas míticas motos americanas o de cualquier variedad de Custom, saben mucho las 250 personas que ayer participaron en Miranda en una reunión motera que les llevó de ruta por varios pueblos de La Rioja y Álava.
Ya a primera hora de la mañana se escucharon los primeros ‘rugidos’ junto al parque Antonio Cabezón. Era el momento de los reencuentros entre moteros de diferentes ciudades que sólo coinciden en este tipo de eventos. Y algunos llegaron desde lejos: Valladolid, Guadalajara, Toledo o Zaragoza... A la hora de conversar, adivinen cuál era el tema más recurrente. Es preguntarles por su moto y el rostro les cambia. «Lo nuestro es una verdadera pasión, y estas motos no tienen nada que ver con el resto, cuando paseas con ella disfrutas tanto que sólo existes tú y tu moto», defendía David, llegado desde Tudela de Duero.
Sin embargo, ayer el paseo lo dieron en compañía y con una climatología inmejorable. Tras recorrer algunas calles de la ciudad, iniciaron una ruta que les llevó por localidades riojanas como Cihuri o Anguciana y alavesas como Salinillas de Buradón. Posteriormente, desde Haro emprendieron regreso por la carretera de San Felices, una vía que, tal y como denunciaron, se encuentra en muy mal estado. «Está fatal y hay mucha grava, menos mal que íbamos despacio», decía Juan, de Vitoria.
La jornada concluyó en San Juan del Monte, donde la organización, muy satisfecha con el transcurrir de la jornada, dejó a un lado el casco y la ‘chupa’ de cuero para ponerse el delantal y preparar una paella de 300 raciones. El evento concluyó con juegos y sorteos en La Laguna y el concierto del grupo de rock local, Síndrome de Peter Pan.