«Estábamos durmiendo y me despertó un ruido», recuerda Francisco Martín, el dueño de una tienda y un mesón en Cogeces del Monte, quien se asomó por la ventana de su habitación -vive al lado- y vio a dos hombres vigilando frente a la puerta de su establecimiento. Eran las dos de la madrugada y, nada más avisar al 062, no pudo impedir que su mujer saliera corriendo a por ellos a la vez que su yerno -vive encima- bajaba con una barra de hierro.
«Los dos que estaban fuera se largaron corriendo y dejaron tirado al que estaba dentro», recuerda la víctima. El aludido, al verse acorralado, decidió encerrarse por dentro con un cerrojo para impedir la entrada de Modesto, el yerno, que «no pudo entrar ni salir a la calle porque se había dejado la llave dentro del bar -tiene acceso directo desde su casa-». Entre tanto, Milagros, la mujer de Francisco, estaba ya en la entrada «llamándoles de todo». El delincuente decidió salir por donde había entrado, es decir, por una ventana situada a tres metros de altura, y en su huida «le pegó un empujón a Milagros que la tiró al suelo».
Botellas de otro bar
Dos de los ladrones se montaron en un coche y el tercero subió a otro, que tenían estacionados a unos metros del mesón Maryobeli, para emprender una huida que no les llevaría demasiado lejos. La Guardia Civil ya estaba en camino y, aunque los agentes se equivocaron de bar, tuvieron la suerte de que el propietario de este último vio pasar uno de los turismos de los ladrones. Otra patrulla, procedente de Tudela de Duero, logró pararles a la altura de El Quiñón, entre Cogeces y Santibáñez, y detener a dos de los sospechosos, que la mujer identificó poco después en una rueda de reconocimiento.
El tercero cayó en manos de la Benemérita esa misma mañana y se reunió con sus presunto compañeros en los calabozos de la Comandancia. En el coche había botellas procedentes de otro robo.
Antes de emprender la huida, los ladrones -todos ellos afincados en Madrid- lograron sacar por la ventana la caja registradora y un ordenador portátil. También cogieron un paquete de tabaco que se había dejado la hija de Francisco sobre la barra. Uno de los sospechosos «lo llevaba en el bolsillo».
El asalto es el primero registrado en seis meses en un municipio cuyos vecinos llegaron a montar patrullas ciudadanas en octubre a raíz de una oleada de 12 robos.