Los festejos taurinos de la última jornada de las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Asunción y San Roque en Tudela de Duero transcurrieron sin incidentes, excepto en el encierro por el campo en el que un toro y un cabestro se escaparon y permanecieron casi toda la tarde por las tierras que se encuentran a la falda del páramo de La Parrilla. A las 9.00 horas, tres toros y cinco cabestros salieron con fuerza desde los corrales de Tovilla pero, desde el primer momento, la manada estuvo disgregada: un toro corrió hacia la derecha, en dirección a la ladera de La Parrilla, mientras que otro se dirigió a la izquierda, donde se encuentra la carretera y el tercero permaneció con los cabestros. El último fue el único que los caballistas consiguieron dirigir hasta el recorrido por las calles de la localidad, hasta que llegó a la plaza de toros, junto a los cabestros, que se vieron obligados a dar media vuelta al campo para buscar al resto de la manada.
El gran número de caballistas y algunos asistentes a pie lograron reunir a los astados, pero sobre las 14.00 horas agentes de la Guardia Civil tuvieron que sedar a un cabestro que se había escapado para trasladarlo a la plaza de toros. A las 22.00 horas un astado todavía permanecía en las tierras de la comarca de Tudela y algunos vecinos seguían buscándolo incluso con perros, según el cortador local, Adolfo Arranz.
Algunos vecinos que habitualmente acuden al festejo campero achacan el hecho de que la manada salga dispersa a que los corrales donde se encuentran los toros son muy grandes y, cuando comienza el encierro y los caballistas les obligan a abandonar el recinto, los animales salen con tanta fuerza que es difícil controlar su trayectoia.
«¡Que se besen!»
El encierro de las 11.00 horas transcurrió sin ningún incidente. Fue lento y duró unos 40 minutos, y no se disfrutó de carreras vistosas debido al cansancio de los astados, pero sí de algunos recortes y lances ceñidos por parte de los corredores habituales de la localidad, que se encontraban en el cruce de la Carretera de Valladolid con la calle Villabáñez y que animaron a los asistentes.
En el corte de esas calles es donde se vivivieron los momentos más intensos del encierro. Un toro, que permaneció en ese lugar la mayor parte del festejo, pasó rozando algunas talanqueras y las corneó, ante el susto de los vecinos.
Pero el momento más bonito fue cuando el cortador local, Saúl Martín, acarició al toro en la frente -con el poste de una señal de por medio- y todo el público que se encontraba en el lugar rompió en aplausos de ovación al joven. Algunos incluso animaron al grito de «¡que se besen!».
Los encierros de ayer pusieron el broche a los festejos taurinos de las fiestas de la localidad, que comenzaron el jueves 14 de agosto. Anoche se celebró el tradicional 'día de la abuela' con fuegos artificiales a las 00.00 horas y una verbena en el Parque del Bailadero