Me enfrento a estas letras entristecido. Leo recientemente la pérdida de población palentina y no encuentro reacción política o institucional de ningún tipo, de ningún color. Esos datos demográficos son para el salto, para el grito o para el apaga y vámonos. No tendrían tanta trascendencia si se viera algo de luz, si fuéramos capaces de adivinar algo distinto.
Algo similar a lo que sintieron las gentes del norte de la provincia cuando se anunció el proyecto de San Glorio. Independientemente de planteamientos de otro tipo, hemos de reconocer que esa posible estación de esquí ha sido un hilo de esperanza en la zona. ¡Ojalá tuviera un San Glorio con el que mirar adelante Tierra de Campos o el Cerrato o... la capital palentina! Porque la mayor tristeza de esos datos la proporciona el crecimiento demográfico de la ciudad, una ciudad alimentada con algunos jóvenes de nuestros pueblos y los cada vez más comunes jubilados que prefieren las razonables comodidades de un piso en el invierno. Y por otro lado, una ciudad que se llena de glorietas que no acaban de liberarnos del atasco. La rotonda es un buen elemento distribuidor del tráfico que además dignifica el espacio urbano donde se localiza y permite su adorno con un bonito motivo o la escultura del artista local.
La glorieta es una buena idea pero no de manera aislada, es la metáfora de nuestra capital. Corremos el riesgo de que tras su inauguración permanezcamos girando alrededor de su anillo central, dando una vuelta y otra, una al ferrocarril y otra al planeamiento urbanístico, y aquello que creíamos iba a resolver el atasco lo ha incrementado. La glorieta ha de concebirse dentro de un planteamiento global del tráfico de la ciudad. Y extrapolen esta idea al resto de los ámbitos de nuestra ciudad... Vemos que no hay reacción, el rejonazo de esos datos no perfora el cuero de nuestros representantes y autoridades. Sin embargo, yo creo en ellos, sé que algunos de ellos, no todos, tienen una gran carga vocacional y preparación y quizá la situación les supere en ciertas ocasiones, pero no les falta voluntad. Aún así creo que para analizar la situación debemos ser algo fríos, no dejarnos llevar demasiado por nuestras vehemencias.
Para ello me gustaría hacer una reflexión concreta, no analizar el problema de manera global porque no estoy capacitado y conduciría a una generalización que se nos escaparía de este artículo.
Si alguno de ustedes es lector permanente del Diario Palentino habrá leído alguna sugerencia mía sobre una infraestructura que considero fundamental para el desarrollo de nuestra provincia, la autovía Palencia-Sahagún y por añadidura la rápida unión entre Palencia y León por autovía. He meditado mucho la conveniencia de este escrito y finalmente me he decantado por su publicación aún a riesgo de pecar de pesado.
Esa falta de reacción de la que les hablaba me obliga a recordar lo que creo importante para Palencia. Estamos a tiempo, esa tristeza por la despoblación ha de convertirse en acicate para el futuro y por eso siento la necesidad de recordarlo. Llevamos décadas oyendo hablar de la autovía Palencia Benavente. Este año, por lo visto, el Ministerio correspondiente se ha decantado por una opción. Teóricamente, tras el estudio informativo vendrán las licitaciones de los proyectos, las expropiaciones, la contratación de la obra, su adjudicación, las obras y la puesta en servicio. Dividan ustedes la distancia entre Palencia y Benavente en tramos de diez kilómetros, que es como está adjudicando el ministerio este tipo de obras, y calculen a una licitación de dos tramos por año, vayan acumulando fechas y verán cuándo tenemos autovía a Benavente...¿o no lo ven? Yo tampoco. La autovía Valladolid-León no crean que lleva mejor camino, que el Estado no quiere invertir por estos pagos ni a medias, o si no ¿quién puede entender la negativa estatal a cofinanciar la duplicación de la Nacional 122 entre Tudela de Duero y Aranda ofrecida por la Junta de Castilla y León? Alguno pensará que con estas expectativas no cabe la esperanza para unir Palencia con León por autovía y a través de la olvidada Tierra de Campos.
Sin embargo, pienso que es posible, quiero creer en algunos de nuestros políticos palentinos, quiero creer que además de las intrigas y de la lucha por el voto existe una conciencia de nuestras necesidades, de la urgencia de algunos de nuestros proyectos.
Unir Palencia con Sahagún por autovía supone aprovechar la autovía entre León y Sahagún, que hoy por hoy admite un elevado incremento de vehículos. Se trata de acometer una obra sencilla, que no discurre por lugares montañosos, donde no son necesarios túneles ni llamativos viaductos. Supone unir dos capitales de provincia por una vía de alta capacidad, mejor dicho supone unir por autovía tres capitales de provincia, León y Valladolid pasando por Palencia. Palencia pasa a convertirse en el centro de uno de los principales ejes de nuestra comunidad, a lo mejor así Palencia empieza a vislumbrar su propio San Glorio. La carretera CL-613 que une Palencia con Sahagún es una carretera de titularidad autonómica.
En la teoría, le corresponden las actuaciones a la Junta de Castilla y León. Sin embargo, el Gobierno de nuestra autonomía en el caso de la autovía del Camino de Santiago, la A-231, ha actuado a pesar de no tener competencias porque consideró la importancia de esa obra para nuestro territorio. Entonces ¿por qué no lanza el guante nuestra Junta de Castilla y León? ¿por qué no ofrece al Gobierno de España que apoye este proyecto? Esta autovía interesa a todos. A la Junta porque es su carretera y lo que esto conlleva.
Al Ministerio porque así podría disimular los retrasos acumulados de la Palencia-Benavente y la Valladolid-León. Al Ayuntamiento de Palencia porque la capital y su alfoz serán los grandes beneficiados por un proyecto de desarrollo que nos conecta directamente con los puertos de Asturias. Y a la Diputación Provincial porque tiene una ocasión para apoyar el futuro del medio rural con su paradigma de Tierra de Campos.
A la Junta le corresponde la iniciativa, si más tarde el Gobierno Central no quiere colaborar, los palentinos sabrán a qué atenerse, sabrán quien ha apostado por esta tierra. Pero es que aunque la Junta no se encuentre con este apoyo debe acometer esos 60 kilómetros de futuro. Los 60 kilómetros entre Palencia y Sahagún seguramente sean los kilómetros más baratos con los que se pueda enfrentar una administración dadas las características del terreno y de la carretera existente. El Gobierno de Juan Vicente Herrera ha sido capaz de impulsar en esta legislatura el importante proyecto de unión entre Segovia y Valladolid.
Lo prometió y lo ha hecho, y no ha tardado tiempo. Se anunció antes de las elecciones una autovía y todo su trazado está hoy en día en obras. Eso es lo que desde aquí me gustaría demandar, un proyecto serio para gente seria y comprometida. Que nos anuncien en la próxima campaña electoral que Palencia y Sahagún se van a unir por autovía. Como entre Valladolid y Segovia, eso queremos para Palencia.
No estamos demandando nada que no se esté ofreciendo en otras provincias. Palencia es una provincia como lo es Valladolid o Segovia y sus representantes tienen igual categoría. En Palencia hay un problema y es competencia de todos.
Mientras escribo estas reflexiones se me ha ido olvidando esa tristeza con la que empecé el artículo. Esta obra, esta autovía puede ser el símbolo de un cambio para mejor. Una autovía que permita a Tierra de Campos ilusionarse, a Palencia salir del atasco... Es sólo una obra, quizá una obsesión mía.
Ojalá se concrete en una promesa durante los meses que vienen, en Segovia lo prometieron hace cuatro años y ahí está la obra. Creo que quedan políticos capaces de luchar por Palencia, esperemos que no se pierdan.