
Ambos son conocidos en la localidad por su relación con la hostelería local. José Miguel trabajó en distintos bares hasta que abrió su propio negocio, una freiduría con su apellido como nombre, mientras que Santiago regentó el también desaparecido bar Aprisco -en su lugar hay ahora un bloque de pisos-. Conocidos del primero recordaron que «al final tuvo que cerrar porque cada vez que ganaba un poco de dinero lo perdía en el juego -cartas, bingo,...-». El segundo también fue bastante conocido por «poner la música a todo volumen» e, incluso, llegó a ser sancionado por la Delegación Territorial de la Junta por superar el horario de cierre el 23 de noviembre de 1999.
Su relación con la hostelería no desapareció a raíz del cierre de sus negocios y, al menos, José Miguel siguió trabajando en un local en el que, según coinciden los vecinos, la venta de droga era una constante. Los residentes señalan, sin embargo, que los «dos eran gente muy maja» y atribuyen su presunta vinculación al narcotráfico «al mundo nocturno en el que se movían». Algunos recuerdan que Chori pudo ser arrestado «hace años en Colombia durante un viaje por algún asunto también de drogas».
Del otro vecino detenido, Luis S. O., apenas tienen constancia en el municipio. Eso a pesar de que acumula cuatro detenciones, una de ellas por droga y otra, la última, por violencia de género -el 29 de enero del año pasado-.
Del cuarto sospechoso, Pedro Francisco D. R., natural de Palencia y vecino de Valladolid, sólo trascendió ayer que cuenta en su haber con un arresto por daños.





