Domingo, 18 de marzo de 2007
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VALLADOLID

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«Mi negocio es tan legal que entrego presupuesto»
Antonio y su cuñado Gedeón 'vigilan' seis de las 15 obras que se realizan en la ampliación del polígono vallisoletano de San Cristóbal
«Mi negocio es tan legal que  entrego presupuesto»
Antonio (a la derecha) observa una obra en la ampliación del polígono de San Cristóbal. / HENAR SASTRE
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«De legal, legal, lo que se dice legal no estoy, pero pago mis impuestos, me he hecho autónomo y nunca en la vida se me ocurriría extorsionar a nadie», resume Antonio. Él y su cuñado Gedeón son los encargados de 'vigilar' de madrugada seis de las 15 obras que se encuentran actualmente en construcción en los terrenos de la ampliación del polígono de San Cristóbal, detrás del cerro que da nombre a la zona.

El encargado de una de estas obras reconoce que pagará a la 'empresa' de Antonio 1.300 euros al mes a partir del 1 de mayo porque «vino a ofrecernos su servicio de vigilancia y nos convenció después de presentarnos un presupuesto». Los salarios por el trabajo ofertado por la pareja de guardas oscilan entre este precio y los 700 u 800 euros en función de «los metros cuadrados de la parcela y del material del interior», explica el 'empresario' autónomo.

De esta forma, Antonio y Gedeón vienen a ganar en torno a los seis mil euros en los meses buenos, de los que, eso sí, «pagamos los 240 euros de autónomos, la Seguridad Social y los impuestos que nos pidan en Hacienda».

Un negocio emergente

Los dos han conseguido hacerse un hueco en un suculento negocio gestionado desde tiempos inmemoriales por distintos clanes gitanos de la ciudad que tienen la provincia repartida en zonas de influencia, en las que «no podemos entrar los demás por respeto». En su caso son unos recién llegados que vieron una manera de ganarse la vida, «porque de algo hay que vivir», después de cinco años revendiendo palés usados que compraban o recogían en distintas empresas del polígono.

Su área laboral está en plena ebullición y en la actualidad solo Antonio -y algún familiar, «si necesito un cable»- se dedica en exclusiva a San Cristóbal, mientras su cuñado está comenzando a ejercer de guarda en el polígono industrial Tuduero de Tudela de Duero y en otras pequeñas obras.

«Con dos coches nos apañamos por ahora», explica el incipiente 'empresario' antes de relatar su sistema de trabajo. La ronda por las obras contratadas comienza «después de cenar», en torno a las ocho y media o nueve de la noche, y acaba alrededor de las cinco o las seis de la madrugada, con algún alto en el camino para «tomar un café». Solos o con algún allegado, Antonio y Gedeón pasaron el invierno en torno a una hoguera hasta que «nos dejaron una caseta» en la que se guarecen con un ojo abierto por si ven a algún ladrón entrar en su terreno.

«Si roban algo nos hacemos cargo de ello y lo descontamos de nuestro salario», relata un guarda que desde su entrada en el negocio a finales del año pasado solo ha tenido que reponer «sesenta litros de gasoil que nos robaron de una parcela sin que nos diéramos cuenta». De haberlo hecho, sostiene, «nos hubiéramos limitado a llamar a la policía o a decirle que se fuera siempre que fuera un hombre solo y no un grupo».

Pero para llegar a este punto y conseguir un contrato -en algunas ocasiones en dinero negro- se requiere un sistema comercial al estilo 'puerta a puerta'. «Me paso el día por aquí y en cuanto veo que colocan una vallas me acerco al encargado y, desde luego, sin amenazas ni nada, nos damos los teléfonos por si le interesa mi oferta», explica.

El temor a los robos interesados, una práctica habitual en este negocio, llevó esta misma semana a algunos constructores de San Cristóbal a denunciar públicamente que estaban siendo víctimas de extorsión por parte de bandas organizadas cuyos portavoces les dejaban caer que «podía ocurrir algo si no les contratábamos».

Antonio lo niega y afirma que en este polígono solamente trabaja él: «Sé que ha venido más gente -al menos un madrileño dejó también su tarjeta por la zona en las últimas semanas- pero aquí estamos nosotros y desde luego no puedo dedicarme a robar en una obra a la que luego voy a ir por la mañana para ofrecerle mis servicios».

Además, en caso de recibir un «no» por respuesta, «pues bueno, nos damos la mano y tan amigos, qué le vamos a hacer», alega.

«Como Dios manda»

El 'vigilante' insiste en defender la licitud de su medio de vida y argumenta que «mi negocio es tan legal que por eso entrego presupuesto a los clientes para hacer las cosas como Dios manda», si bien reconoce, no obstante, que carece del título oficial para ejercer esa profesión, aunque anuncia que tiene intención de obtenerlo porque «no quiero tener problemas con la Justicia».

No en vano, otro guarda tuvo que pagar 30.000 euros de multa hace solo unos meses porque ejercía funciones de vigilante -una práctica prohibida por la ley-. «Por eso me hice autónomo, porque eso te vale para todo y nadie te puede decir nada», concluye.

Antonio, eso sí, tuvo que retirar hace unos días sus carteles de 'obra vigilada' para especificar 'obra con guarda' por si acaso. «No quiero tener problemas», reitera.

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