«Estuve vigilando la puerta de 'Monchín' en el poblado de La Esperanza mil veces y cada vez que le veía hablar por teléfono los compañeros que estaban con las escuchas me confirmaban lo que decía», declaró ayer un agente de la Brigada de Estupefacientes para despejar las dudas razonables que los abogados de los doce acusados por narcotráfico intentan sembrar al respecto de que el teléfono intervenido por los policías ni siquiera era del líder del clan, Miguel Romero Larralde.
Pero uno tras otro, los agentes implicados en la operación desarrollada entre 1999 y principios del 2001 reconocieron que la voz que hablaba por aquel móvil -hasta dos le intervinieron- era en efecto la del presunto responsable de la trama: «Sí, era la voz de Miguel seguro, sin duda alguna».
De algo tenía que servir que los agentes estuvieran «permanentemente» en el poblado de La Esperanza desde mediados de los ochenta hasta su decadencia y derribo definitivo el 17 de enero del 2003. Lo malo, según recordó uno de los policías más veteranos, «es que eran ellos directamente o a través de sus siervos los que nos controlaban casi más que nosotros a ellos porque seguir a un 'monchín' era muy difícil, por no decir prácticamente imposible».
«Tenían algo de fijo»
Tres lustros de vigilancia en los que «nunca vimos a ningún Romero Larralde llevar droga o recibir dinero en el poblado», según reconoció el policía a preguntas del abogado defensor del clan, cambiaron cuando un confidente, que tuvo puesto «precio -30.000 euros- por su cabeza», facilitó el móvil que utilizaba 'Monchín' a la Brigada de Estupefacientes.
Sus conversaciones llevaron a los agentes a estar a punto de sorprender al 'lacorrillo' del clan, Francisco 'Rebusca', cuando supuestamente traía droga desde Madrid, pero delante de él viajaba Salvador Romero Larralde, 'Negro', y «me reconoció cuando paró en el peaje de Adanero», confesó el agente veterano. Acto seguido llamó a su compinche -este último también tenía el teléfono pinchado- para indicarle que «saliera de la autovía y fuera por lo viejo y le perdimos la pista».
Las escuchas permitieron después que los policías asistieran a dos supuestas operaciones de compra venta de droga entre 'Rebusca' y el matrimonio zaragozano que se sienta en el banquillo junto a un compinche en el entorno del antiguo Pryca-2. «Tenían droga de fijo», señaló un agente que recordó cómo el 'lacorrillo' de 'los Monchines' subió al coche de los compradores «con un bulto bajo la cazadora que no tenía al salir».
A la tercera fue la vencida y, esta vez, junto al cementerio, los policías abortaron el 19 de enero un encuentro con los mismos protagonistas. 'Rebusca' ocultaba en su casa dos kilos de 'coca' y uno de heroína y los «maños» llevaban anotado el teléfono de 'monchín' intervenido en una agenda y cuatro millones de pesetas. Comenzaba la operación que acabó con los doce acusados que se sientan estos días en el apretado banquillo de la Audiencia Provincial.
Una vez detenidos los compradores llegaba el turno de los presuntos proveedores, los hermanos madrileños Ángel y Joaquín Echevarría. Uno de los policías que participó en el registro de sus domicilios a finales de marzo del 2000 recordó que en la casa de 'Joaqui' encontraron una agenda con el nombre de 'monchín' anotado junto a una cantidad y un supuesto teléfono de 'el Negro'.
Vinculados todos los acusados entre sí -incluida la mujer de Tudela de Duero acusada de distribuir en su pueblo y en Palencia la mercancía por mediación del líder del clan-, faltaba por demostrar que algún 'monchín' realmente vendiera droga más allá de los indicios, en apariencia, más que razonables de las escuchas.
Uno de los agentes, el más veterano de los cinco que testificaron ayer, fue más allá y llegó a señalar que, a su juicio, los cinco acusados de la familia Romero Larralde «se dedicaban entonces y se dedican -en un claro presente- a la venta de droga» a preguntas de uno de los defensores.
Los letrados apenas intervinieron y volvieron a dejar clara su estrategia de intentar demostrar que los pinchazos fueron ilegales al espetar, uno de ellos, a los agentes que «no tengo preguntas para usted porque solo ha participado en seguimientos y vigilancias y no en las escuchas».
'Convidado de piedra'
Sin embargo, los seguimientos sí sirvieron para que los policías destinados de manera casi perenne en el gueto de La Esperanza relataran que llegaron a levantar «cientos de actas de intervenciones de droga» a toxicómanos que no dudaban en asegurar que la habían «comprado en casa de 'la Maruja' -María Concepción Romero Larralde- y de su marido 'Jalero' -Vicente Ramírez», al que no dudaban en apodar el 'Convidado de piedra' de su aún mujer.
«Los yonquis siempre señalaban a 'la Maruja', pero anda, diles tú que te lo pongan escrito», justificó uno de los agentes en alusión a su «miedo a represalias».