De traje gris y vistosa camisa rosa, un hombre bastante mayor llegaba a la ‘Plaza de Toros’ de Quintanadueñas luciendo sus galas como para presenciar una ópera. La fiesta de su pueblo lo merece y, aunque el programa no incluya pomposos espectáculos, el hombre simplemente se puso lo mejor y con eso dice todo. En la taquilla va creciendo la cola y el ambiente es familiar a más no poder. Algunas llegan en banda, abuelos incluidos, y uno a uno van ingresando al recinto: son doce. Otro señor da la nota entrando con una bolsa de refrescos... y una oca.
A un costado de la plaza montada en la entrada del pueblo, los caballos que esperan su turno para el espectáculo ecuestre atraen la atención de muchos niños, y dos de ellos comentan su preocupación porque las barracas no están funcionando. Otros pequeños pasan olímpicamente de la plaza y juegan en los hinchables. Los integrantes de la peña Los Cigüeños, que organizan la actividad, controlan de que todo esté en orden y no dejan de bromear vaya uno a saber qué con todo el que se le cruza.
TOREROS. La plaza se va llenando poco a poco y siete varones esperan en la arena para corretear a las inofensivas vaquillas. Toros, en esta plaza, por suerte ni uno.
Luego de una vaquilla muy tranquila y que no hacía demasiado caso a las provocaciones, como si no entendiera muy bien qué estaban haciendo esos que corrían, salió una segunda un poco más brava que obligó a mostrar la audacia de los ‘toreros’ y, por contrario, desnudó el temor de otros.
La gente aplaudía alguna vez que la vaquilla había estado cerca de arrollar. Los de la peña San Martín, de Villarmero, se hacían escuchar con un bombo y platillos, además de un megáfono que hacían sonar con una canción navideña y se escuchaba por toda la plaza.
Afuera, los jinetes preparan a sus caballos para entrar. Hay uno que está impaciente o malhumorado, imposible saberlo, y regala un par de patadas al camión donde los transportan. Toda la compañía se parece a la de un circo. «Los caballos hoy están en auge. Somos profesionales y hacemos espectáculos con estos animales desde toda la vida, porque son para todos los públicos», explica Javier García, el director técnico de este equipo que llegó desde Tudela de Duero, en Valladolid. Javier pertenece a una familia que por generaciones se ha dedicado a los caballos y para él no es ninguna sorpresa que en un pequeño pueblo reúnan a casi 400 personas.
Para la gente del lugar, como el señor de traje y corbata, tampoco.