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RSS | ed. impresa | Regístrate | 28 noviembre 2007

Valladolid

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El lucrativo negocio del trapicheo de piñas
El sector piñero atraviesa una crisis tras la proliferación de robos en las últimas semanas y los profesionales insisten en la regulación de la actividad para atajar el problema
25.11.07 -
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El lucrativo negocio del trapicheo de piñas
Antonio Hernández muestra las piñas compradas en su almacén de Toro. / R. B.
El pasado 11 de noviembre comenzó la campaña de recogida de piñas que, este año, ha hecho que estalle una crisis que el sector arrastra desde años atrás. El prolífico negocio de la piña ha llamado la atención de muchas bandas que han visto en el robo de este producto una forma de ganarse la vida. Si en algo están de acuerdo los profesionales del sector es que el problema viene de dentro.

Javier Cubero, piñero de Mojados, vio cómo el pasado miércoles unos cincuenta profesionales de la piña se manifestaban a las puertas de su almacén, en el que aseguraron ver camiones descargando piñas días atrás. Cubero, harto de que su profesión se esté degradando de esta manera, dice que «este año iba a intervenir. Me he movido por todas las casas y almacenes de gente que está comprando piñas robadas». En cuanto a las acusaciones que le hicieron el miércoles, afirma que «me gustó su reacción, porque veo que por fin la gente se moviliza, aunque entre los manifestantes había gente que va a comprar piñas robadas a Toro».

Valioso tesoro

Una de las reivindicaciones del sector es la creación de un «mecanismo de seguimiento y control de este producto tan caro y cotizado», como afirma Cecilio Vadillo, subdelegado del Gobierno, quien ha mantenido reuniones con los representantes del sector. Un registro que aún no ha llegado «pero esperemos que esté ahí el año que viene, porque este año está prácticamente todo acabado», lamentó el presidente de la Asociación Castellana de Elaboradores de Piñón (Acepi), Óscar García. Los ayuntamientos e incluso la Junta son otros de los afectados por este asunto, ya que se embolsan grandes cantidades de dinero mediante la subasta de sus pinares, según relataba Cubero. «El año pasado el Ayuntamiento de Mojados ganó cerca de 40 millones de pesetas», aclaró.

La piña, al menos por ahora, está viajando de forma incontrolada. Javier Cubero explicó cómo «bandas de hasta quince personas», por lo general extranjeras, «saben dónde robar las piñas. Para ellos, el producto es como oro», afirma Cubero, quien asegura haber visto dónde viven estas personas, en este caso, una cuadrilla ubicada en Simancas: «Duermen en guetos y en colchones sobre ladrillos y sobre las propias piñas». Son estas personas las que piñeros como Cubero se encuentran casi a diario en los pinares sustrayendo las piñas. En Pedrajas, Tudela de Duero, Santibáñez de Valcorba Los detenidos ya superan los 55, según informó Vadillo, y los kilos requisados son más de 7.000.

Ida y vuelta

Pero el verdadero problema viene después, cuando estos buscavidas acuden a los almacenistas. «Están en Toro, Morales de Toro, Tordesillas, Peñafiel y Pedrajas», aseguraba Javier Cubero. «Ellos las compran a cerca de 50 céntimos y después las venden a casi el doble». Los compradores de estas piñas robadas, continuó Cubero, «se sabe quiénes son. La vuelta de estas piñas robadas es Pedrajas, que es donde acaban y allí lo saben todos». Unas piñas que serán almacenadas hasta que llegue el calor y comiencen a producir los piñones, producto más que cotizado en el mercado.

Estos almacenistas, en su mayoría, ni siquiera tienen pinares de donde sacar las piñas, pero ganan enormes cantidades de dinero. En Toro, Antonio Hernández colgó el viernes el cartel de 'no compro piñas'. «Antes compraba, pero en vista de lo que está pasando no me quiero prestar a este tinglado. En Toro éramos dos los compradores, ahora cuatro. No quiero involucrar a nadie; han sido muchos los piñeros que han cargado aquí piñas, pero esto no puede ser, esperaré a ver si sale alguna normativa», explicó el almacenista quien reconoce: «Sé que le está haciendo daño a mucha gente».

Tanto Cubero como Hernández aseguran que el año pasado «había colas de coches esperando a cargar piñas». «El año pasado gané mucho dinero y ya no quiero más», sentenció Hernández ante la incredulidad de Cubero. A pesar de su afirmación, durante sus declaraciones dos coches descargaron algún que otro saco de piñas en su almacén. Uno de estos vendedores, incluso, se rió al ver el pequeño cartel indicando que ya no se compraban piñas. «¿Que no vende, dice!», exclamó. El piñero de Mojados pone sobre la mesa, además, el problema de las facturas. «Mucho de este dinero se maneja en 'B'», asegura.

«Me jugué la vida y tú sólo abres la trasera», reprochaba Javier Cubero al almacenista Hernández, quien, sacando un fajo de billetes, dijo que «a veces yo también paso miedo al sacar el dinero y no saber qué puede pasar». Dos situaciones muy diferentes que bien resume el piñero de Mojados. «El año pasado ya hubo muchos robos e incluso peleas. Pedí ayuda a la asociación de piñeros y no recibí respuesta», lamentaba Cubero. «Si ahora no se erradica el problema puede haber hasta muertos. Son gente extranjera que llegan a ser hasta quince y cuando están robando nos dicen que tienen que comer».

Aún así, Cubero es pesimista a la hora de pensar que la justicia puede poner las cosas en su sitio: «No se me ha devuelto nada de lo que me quitaron el año pasado. Hay un momento en el que no sabes qué hacer ni si merece la pena denunciar».

Futuro incierto

Muchos pinares públicos han quedado exentos en las subastas de este año. Los piñeros no pujan por explotar el rendimiento de los terrenos ante esta situación. «Como esto siga así, en dos años no habrá subastas; cada uno que tire lo que tire», afirma Cubero, aunque reconoce que los piñeros no lo dejan «porque si te gusta este mundo, son cinco o seis meses de trabajo, pero la sarna con gusto no pica. Se gana mucho dinero».

El futuro del sector, según las reuniones que los profesionales han mantenido con la Subdelegación del Gobierno en el que han expuesto sus peticiones, parece que pasa por la regulación y el control tanto de los trabajadores como del propio producto, mediante un registro o guía. Los robos, que la semana pasada pasaron de los pinares a las propias naves, en Pedrajas, han movilizado aún más al sector, que el lunes tendrá una reunión en Mojados en la que muchos esperan aclarar las cosas. «Si no nos ponemos de acuerdo en no comprar piñas robadas, cada uno hará lo que quiera», sentencia Javier Cubero.

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