Tudela de Duero

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Historia de Tudela de Duero

La memoria de Tudela se pierde en el tiempo, como lo atestiguan los instrumentos líticos prehistóricos que se han encontrado en la zona. El hallazgo de hachas pulimentadas, buriles y raederas dan prueba de que el hombre prehistórico anduvo por estos pagos.

Milenios más tarde fue el pueblo vacceo el que ocupó estas tierras. Un castro situado en la cara norte de La Mambla y La Cuchilla, el de la posible ciudad de Acontia, ponen de relieve la importancia de estas feraces vegas para este pueblo.

Más tarde, los romanos, con el fin de doblegar a los vacceos, instalaron sus campamentos en los alrededores, construyendo sus villas y sus vías, como la calzada que cruzaba todo el término de Tudela y que discurría de oeste a este por todo el corredor del Duero, desde Septimanca a Rauda y que en la Edad Media se siguió utilizando con el nombre de "La Senda de los Aragoneses". Cerámicas y estelas funerarias dan fe de la estancia romana.

Pero será a comienzos de la Edad Media, cuando Tudela se convierta en un núcleo de gran importancia.

La situación estratégica dentro del meandro del río y la construcción de murallas y puertas, la convirtió en una villa llena de vida que irradiaba su influencia a grandes zonas de alrededor. La muralla circunvalaba a Tudela con sus calles de ronda y sólo existían dos puertas de acceso: la que daba al oeste en dirección a Valladolid y la que daba acceso al puente y la zona este.

Las referencias históricas durante este periodo son numerosas:

Alfonso X "El Sabio" concede la villa a Valladolid pasando a depender de su fuero, asentándose aquí un importante grupo de hidalgos, como lo atestiguan las numerosas casas blasonadas que existen.

Los reyes la eligieron como lugar de descanso. Juan II pasó temporadas en Tudela, junto al infante Don Enrique y su hermano Don Juan, rey de Navarra. Don Álvaro de Luna, valido de Juan II, hace parada en Tudela cuando le conducían desde el castillo de Portillo a Valladolid para ejecutarle. La leyenda cuenta que esa noche para cenar pidió cerezas de la huerta tudelana.

A causa de la peste que asoló Valladolid en tiempos de Enrique IV "El Impotente", Don Pedro de Castilla, obispo de Palencia y nieto del rey Pedro I, como presidente del Tribunal de la Chancillería, manda que se traslade a Tudela dicho tribunal, donde permaneció varios meses.

El mismo rey Enrique IV parte de Tudela con sus tropas camino de Olmedo, para luchar contra su hermano don Alfonso: "serían mil e setecientos a caballo e mil peones, en los cuales había ochocientos hombres de armas".

Fernando "El Católico", estando en Tudela, concertó una visita en la villa con su yerno Felipe "El Hermoso".

Cuenta Matías Sangrador que el rey Felipe "El Hermoso" y la reina Doña Juana permanecieron en Tudela varios días en 1506. Dicen las crónicas que durante su estancia en Tudela apareció en el firmamento una cometa de tamaño desusado, descomunal, y que produjo espanto en el vecindario, ante las calamidades que tales fenómenos solían anunciar. Según estas crónicas se cumplieron los presagios y al poco murió el rey Felipe y se desencadenó en Castilla la peste.

Mientras permaneció encerrada en Tordesillas la reina Juana, recibía de Tudela "mazos" de espárragos y otros productos de la huerta tudelana.

En la Edad Moderna, el emperador Carlos I pasa alguna temporada en la villa. En una de esas ocasiones viaja con la corte del emperador, el embajador de Venecia, Andrea Navariego. Llega éste a Tudela el 24 de agosto de 1527 y describe así la villa: "era un lugar muy hermoso y apacible, lleno de verdura y árboles, especialmente álamos blancos que son altísimos en la ribera y de pinos que en las alturas son muy frondosos. El pueblo está a la orilla del río y me detuve cuatro días".

Será con Felipe II cuando el destino de Tudela cambie de forma radical. Este rey se verá presionado por su valido el Duque de Lerma, para que le done la villa de Tudela, en aquel momento famosa por su productiva campiña, famosa por sus frutas, por su vino y por su paisaje. El rey accede a sus pretensiones y Tudela pasa a manos del valido, dejando de pertenecer a la jurisdicción de Valladolid. En 1609 Felipe III además, la concede "el privilegio de celebrar mercados todos los sábados". Posteriormente y debido a los pleitos que inicia Felipe IV, Tudela pasa otra vez a manos del rey, quien decide deshacerse de ella al necesitar dinero. A pesar de haber varios compradores, serán los tudelanos los que paguen el precio y compren en 1636 la villa.

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