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La ruta comienza en la carretera de Villabáñez.
De Tudela y antes de cruzar el puente del Canal del Duero, parte a la derecha un camino, que en un principio está flanqueado por casa y chalets, pero que poco a poco las tierras de cultivo son las que le acompañan, para llegar en 25 minutos al Priorato de Duero.
Este lugar está poblado desde antiguo, como lo atestiguan las estelas romanas y las cerámicas encontradas en la zona.

Probablemente aquí se localizara el enclave de población denominado "Mambulas" y en él, el monasterio de Santa Maria de Mambulas. Aunque en principio fue una pequeña ermita construida por Ramiro II en el siglo IX y posteriormente arrasada por Almanzor, será en 1067 cuando Sancho II "El Fuerte" dona la zona a los monjes de Silos, reconstruyéndose la iglesia y levantando un monasterio que tendrá su mayor auge entre los siglos XV y XVII, para posteriormente ir decayendo y ser abandonado por la Desamortización.
A finales del siglo XIX, en 1893, el Priorato pasa a ser propiedad del Conde de la Oliva quien hace levantar con gusto medieval, los paramentos en forma de castillo, que se pueden ver en la actualidad.

Continuamos y entramos en el termino de Villabañez. El camino gira 90º a la izquierda y pasa sobre un puente sobre el canal del Duero. La ruta sigue al lado del canal y en pocos metros llegamos a unas compuertas que desde el canal dan agua al acequia.

El canal se proyectó en 1863, con un recorrido de 50 Km. y un montante de más de 8 millones de reales. En 1882 comienzan las obras y éstas generan muchos empleos. Se sabe que entre Quintanilla y Sardón trabajaron mas de 1.000 obreros.
En 1886 fue inaugurado y su cometido era llevar agua a la ciudad de Valladolid.
Pero la perdida de colonias de donde provenía la caña de azúcar, los nuevos cultivos como la remolacha, junto con la instalación de la Azucarera de Santa Victoria, hacen que el canal sirva para poner en regadío muchas tierras. Para ello se llevan a cabo obras para construir acequias y almorrones que conducen el agua.
Cabe destacar las plantaciones que se realizan en las márgenes del canal.

Podemos observar tilos, sequoyas, pinsapos, encinas, varias especies de pino, así como diferentes árboles frutales. Si permanecemos atentos podremos observar erizos, la esquiva comadreja, culebras de agua, lagartos ocelados y fijándonos en los almorrones con bajo caudal de agua, gallipatos, salamandras y ranas pueden aparecer ante nuestra curiosa mirada.
Seguimos andando y un largo trayecto nos lleva hasta el río Duero; allí nos tenemos que desviar a la derecha, hasta llegar al canal para observar el "Puente Acueducto".
Un curioso puente hace hace pasar el canal por encima del río Duero. Está realizado de un solo tramo de 56 m de luz y su construcción se realizó en hierro para evitar las grietas que se hubieran producido de haberse hecho en piedra.
Volviendo sobre nuestro pasos regresamos al camino principal, que nos lleva paralelos al río hasta una central hidroeléctrica, que después de su construcción ha dejado arrasada la zona, destruyendo un entorno que era típico para el disfrute de los habitantes de Villabañez y Tudela. Desde allí el camino gira a la izquierda dirigiéndose a los cerros.
A unos 600 metros del la central hidroeléctrica de las aceñas de Villabañez, el camino se cruza con otro, teniendo que tomar nosotros el de la derecha. este camino se asienta en la antigua "Senda o Camino de los aragoneses", camino ancestral que fue calzada romana y desde aquí se dirigía , siguiendo el corredor del Duero hasta caesar Augusta, la actual Zaragoza.

El largo camino continua entre las tierras de labor llegando al rió tras descubrir unas revueltas. La visión de los cortados de peñalba es impresionante. el río encajonado, parece mas pequeño cuando pasa al lado de las altas paredes calizas desmoronadas , que dejan ver las entrañas del páramo con diferentes bandas de colores.
Al fondo se dibuja la iglesia de Peñalba, lugar hoy casi despoblado, sin duda, el color blanco y albo de los yesos le dan nombre.
Al otro lado del río, podemos ver la fértil vega de la dehesa de Peñalba. La lejanía de las poblaciones y el poco transito de gente, hacen que aquí se desarrolle una fauna variada.

En los sotos de la ribera es frecuente encontrar la elegante figura de la garza real con largas patas, y característico penacho en la cabeza y plumaje gris ceniza en la parte superior, que contrasta con el negro de sus amplias alas.
Se alimenta de peces, pequeños animales e insectos. las garzas como medio de protección, suelen agruparse en colonias para nidificar.

También podemos observar abejarucos con sus característicos nidos en galería. entre las rapaces destacan el milano, identificable fácilmente en vuelo por ser la única rapaz con cola ahorquillada: el cernícalo con su peculiar vuelo al que debe su nombre, durante el cual el ave se "cierne" con la cola extendida en abanico y fuertes aleteos, mientras vigila el suelo en busca de presas; el azor, especialista en vuelos difíciles entre el arbolado. el halcón peregrino, observable en la zona, con sus impresionantes vuelos en picado. Si la suerte nos acompaña podremos ver alguna nutria, ánades reales, fochas, pollas de agua... en la ribera del río
Una cadena impide el paso de vehículos por el camino que en descenso va hasta Peñalba. A media ladera, en la zona alta de los cortados, se encuentra en castro vacceo, en lugar estratégico: protegido de los vientos del Norte por la ladera del páramo, fácilmente defendible, cercano al agua y con buenas tierras de cultivo...¿la antigua Acontia?.
En la parte baja, el camino lleva hasta peñalba aunque antes pasaremos por los restos de un puente hundido, como tantos otros y como el de Tudela, durante la Guerra de la Independencia .
Peñalba es le fin de nuestra ruta y después de reponer fuerzas a la sombra de los chopos del río, podemos regresar a Tudela por el camino de los aragoneses y pasar por la Mambla y la Cuchilla Tudelanas.
Bibliografía
Fuente: Ayuntamiento de Tudela de Duero
Textos: Miguel y Pedro de Valentín
Ilustraciones del folleto original: Luis Pascual - Aratikos